Evangelio según san Jn. 14, 15-21

Domingo 6° de Pascua

 

Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.

Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él».

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda

 

“El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama.”

 

Creo que el Señor me dice: “Mi voluntad es que ustedes permanezcan unidos a Mí, para eso el Padre ha dispuesto que el Espíritu de la Verdad los acompañe siempre. El amor a Mí es inseparable del cumplir mis mandamientos. El camino de ese amor puede ser largo, persevera en él, a pesar de tus faltas, caídas y limitaciones. Más bien cree en mi misericordia y mi voluntad para atraerte hacia Mí, comprendiendo y viviendo más profundamente mis mandamientos.”

El cumplimiento de los mandamientos del Señor a menudo me parece una barrera infranqueable, así lo dice mi propia conciencia de mis faltas de amor hacia Él y hacia otros. Acudir a la figura del padre misericordioso en la parábola me resulta necesaria, sanadora y esperanzadora. Siento la cierta y sostenida voluntad del Señor de que esté unido a Él, y que escuche su voz como la del pastor a sus ovejas. Así unido a Él también podré estar unido a quienes puso junto a mí en la vida. Sí, buscar el estar unido a Él en medio de la imperfección, es parte del camino de amarle y cumplir sus mandamientos.

Señor, nos dices en este evangelio que el cumplir tus mandamientos son signo de nuestro amor hacia Ti. Tus mandamientos son de una elevada exigencia, son desafiantes y muchas veces parecen inalcanzables. Tú nos conoces y sabes nuestras capacidades y limitaciones, por eso puedo atreverme a aceptar el desafío, confiando más en Ti que en mi propia conciencia de capacidad. Quienes están junto a mí, en la familia, en el trabajo, y en otros ambientes, también confían en mí y esperan algo de mi parte. Creo y confío en Ti y en tu Madre para perseverar en darme a ellos en respuesta. AMÉN