Evangelio según san Lucas 24, 46-53

Domingo de la séptima semana de Pascua

Fiesta de la Ascensión del Señor

 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Así estaba escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas. Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto. Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante Él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda

 

“Se volvieron a Jerusalén con gran gozo”

 

Siento que Jesús me dice: “Me he ido de vuelta al Padre, los he bendecido al partir y les he dejado mi paz. El gozo de mis discípulos al volver a Jerusalén provino de saberse bendecidos, de la confianza en mi Palabra y de permanecer en mi amor y en mi paz. Tú ya sabes que, si guardas mis mandamientos, te mantienes en oración sencilla y cotidiana, y si te dejas el tiempo de silencio adecuado, podrás gustar el gozo en los pequeños y grandes momentos de tu vida, con tu familia, con tu trabajo, y con el hacer las cosas que agradan a Dios. No temas, ten confianza y permanece en mi paz.”

 

Siento que interiormente vivo la mayor parte del tiempo en la semisombra, con algunos momentos luminosos y otros más oscuros. Querría que siempre fueran momentos luminosos y de gozo, pero sé que la vida no es así. Sé que hay personas que esperan de mí, una palabra, una mano, un gesto, entonces; quisiera buscar y pedir que esos momentos de gozo vengan por la vida compartida con ellas, y por hacer lo que creo que a Dios le agrada, sea que me cueste o no me cueste hacerlo.

 

Señor, creo que debo afirmarme en la confianza en tu Palabra, en tus promesas y esperar…..está claro que mis medios y capacidades no son suficientes. Tú lo sabes bien, por eso nos dices que permanezcamos en tu amor y nos prometes al Espíritu Santo para que vivamos en tu gozo, y alabando a Dios, como tus discípulos. Siento que lo que cabe para mí es una espera paciente pero activa. ¡Que María, nuestra Madre nos acompañe e implore para nosotros al Espíritu Santo! así como lo hizo en el Cenáculo junto a los discípulos. AMÉN