Evangelio según san Mt 25, 1-13

Domingo de la semana 32 del tiempo común

Inicio del Mes de María

 

Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: ‘Ya viene el esposo, salgan a su encuentro’. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: ‘¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?’. Pero estas les respondieron: ‘No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado’. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’, pero él respondió: ‘Les aseguro que no las conozco’. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda

 

“‘Señor, señor, ábrenos’, pero él respondió: ‘Les aseguro que no las

conozco’. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.”

 

Creo que Jesús me dice: “Recuerda que ustedes son la luz del mundo. El aceite  de la lámpara es el amor a Dios y el prójimo, que se manifiesta en tus actitudes y obras. El aceite de tu lámpara se renueva, por la gracia, en tu oración a Dios y en el ofrecimiento de lo que haces cotidianamente. Estar prevenidos y mantener el aceite en las lámparas es permanecer en mi amor, estar en oración y trabajar para construir el reino, y de este modo preparados para cuando los llame.”

 

Recuerdo una frase en la oración de la mañana del Padre José Kentenich que dice: “Fortalecido me levanto Padre para reavivar el fuego del amor, y saludarte con alegría…”. Esa oración contiene una renovación cotidiana del aceite en la lámpara con el cual se renueva el fuego del amor. Estar prevenido me significa tener clara las prioridades: desde el comienzo del día estar en diálogo con el Señor y su madre, escucharlos, y ofrecerles lo que haré en servicio a los demás. Así creo, estaremos prevenidos para cuando nos llame.

 

Señor, te agradezco que quieras ayudarnos con tu enseñanza para que podamos llegar a estar contigo en la vida eterna. Es más, para eso nos envías al Espíritu Santo y contamos con el auxilio de nuestra madre que implora las gracias para nosotros. Le pedimos a ella, especialmente en el inicio de este mes, que nos regale la sabiduría para ordenar nuestras prioridades en el corazón y en nuestras acciones, y así renovemos cotidianamente el aceite en nuestras lámparas. Me comprometo en la perseverancia de la oración cotidiana y de revisión al final del día. AMÉN