Evangelio según san Mt. 4, 25-5, 12

Domingo de la cuarta semana del tiempo ordinario

 

Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de Transjordania. Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda

 

“Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.”

 

Creo que el Señor me dice: “cultiva en ti la paciencia, la misericordia y un corazón puro. Mantén en ti un alma de pobre, considérate necesitado y no satisfecho. No dejes de anhelar un mundo mejor y trabaja donde te toque: por la paz, por buscar la justicia, la fraternidad; comprométete, entrega tu tiempo, aporta tus ideas. Así, serás feliz ahora, en el interior de tu corazón, y tendrás la esperanza del Reino que está cerca. No te sorprendas si hay quienes se opongan de mala manera cuando impulses alguna iniciativa o hagas aportes.”

Cuando miro el mundo del cual soy parte, me doy cuenta cuán lejos estoy y estamos de ese mundo de amor al que el Señor nos invita. Este evangelio va dirigido a una multitud y nos habla de virtudes para cultivar y de ideales para anhelar y trabajar por ellos. En el tiempo he puesto mi empeño, cada día con mayor claridad, en esas virtudes e ideales, y sentido algo de esa “felicidad” interior. ¿Qué tan paciente, misericordioso y puro es mi corazón?  ¿Qué tanto trabajo por la paz y justicia? Me doy cuenta de que las brechas siguen siendo muy grandes; quizás allí está el núcleo de mi alma de pobre.

Señor, no deja de llamarme la atención que la expresión “felices” la ligas a ciertos atributos en el ser (alma de pobres, pacientes, misericordiosos, hambre y sed de justicia) y en el actuar (trabajar por la paz, practicar la justicia). Felices ahora y también después, y si somos perseguidos e insultados más felices aún. Te pido Señor el favor de tu gracia para cultivar las virtudes del ser y para que perseveremos en el actuar. Que sepamos ser “felices” en estos empeños con independencia del grado de éxito que podamos evaluar. AMÉN