Evangelio según san Lc. 22, 14-20
Jueves de la octava semana del tiempo ordinario
Jesucristo Sumo y Eterno sacerdote.

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios». Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios». Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes”.

Meditación de Sebastián Castaño Fueyo

«Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes»

Jesús parece decirnos: doy gracias a Dios por el infinito amor que tiene por cada uno de ustedes y por haberme enviado para enseñarles ese amor. Fui verdadero hombre y cumplí fielmente la voluntad de mi Padre para amarlos hasta el extremo. En cada eucaristía que participen, reciban y acepten el sacrificio de mi cuerpo y mi sangre derramada, para el bien de ustedes. Los invito a compartir la mesa, los espero con la esperanza de encontrarnos a menudo y de permanecer en comunión.

Debo hacer más presente y reconocer el gran sacrificio de amor y de humilde entrega que Jesús hizo por cada uno de nosotros. Con su venida y muerte en cruz, se transformó en un puente y mediador entre Dios Padre y nosotros. Jesús nos regaló la eucaristía y me invita personalmente a participar poniendo todo mi corazón, para que lo recibamos como verdadero alimento de vida. Pienso que este evangelio es un llamado a que también nosotros logremos decir a Dios: aquí estoy, este soy yo, que se entrega día a día a sus hermanos por amor.

Querido Jesús, te alabo por tu infinita entrega de amor y por tu fidelidad al Padre. Porque siendo verdadero Dios te hiciste verdadero hombre para abrirnos las puertas del cielo. Gracias por el regalo de la eucaristía, por ofrecernos tu propio sacrificio para nuestro gozo y salvación. Dame la gracia de ser digno para participar de tu banquete, con un corazón realmente abierto a tu presencia y no solo como un simple espectador. Te pido por cada uno de tus sacerdotes, fortalécelos en la fe y que compartan fielmente tu amor en sus comunidades. AMÉN