Evangelio según san Mc. 6, 53-56

Lunes de la quinta semana del tiempo ordinario

 

Después de atravesar el lago, Jesús y los apóstoles llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan solo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.

 

Meditación Ángel Mansilla Pena

“Y los que lo tocaron quedaron curados”

Cuántos desearíamos que hoy se repitiese en nosotros tan admirable episodio.

Si tan solo pudiese rozar su vestimenta…

Tremendo anhelo para sanarme.

Hoy la ciencia y la medicina ayudan a mejorar nuestras dolencias del cuerpo. Pero ¿y los quebrantos del alma?

Conocedor de nuestra pequeñez Jesús pensó en nosotros, en toda la humanidad y nos dejó el remedio: Reconciliación y Eucaristía. Para -con ellos- restaurar la armonía con el primero y con el segundo fortalecernos en la gracia santificante.

Definitivamente con ambos sacramentos no solo rozamos y tocamos a Jesús sino que lo hacemos partícipe y protagonista de nuestras vidas. Y con Él, que nos reconforta, todo lo podemos. Juntos vayamos a construir su Reino. AMÉN