Por Hernán Medina Rueda, Sociólogo U.Ch. Mg.
“Disculpe Señor. Hay un pobre en el despacho…” con esta frase Serrat inicia una canción que difícilmente quien la escucha podrá obviar, más aún cuando frasea con miedo e inquietud que se ha llenado el espacio de pobres y que estos siguen llegando. La afluencia masiva de pobres desembarcando en las costas del Mediterráneo europeo y las medidas de contención dispuestas por los gobiernos de los países con mayor recepción de migrantes, han puesto a los pobres en la escena. La crisis política que deja al descubierto las economías neoliberales y la resistencia de importantes sectores de la ciudadanía, y más aún la violencia ejercida en contra de los que aparecen como distintos, supera la capacidad de la política. Así es como, Adela Cortina, filósofa española, propone en el libro una mirada de la pobreza desde la reflexión ética. Cortina pasa revista a los calificativos con que se consigna la aversión a estos nuevos pobres, xenofobia (como alusión al menosprecio racial); islamofobia (como rechazo a quienes practican una determinada religión).
A la base, señala la autora, prevalece para la mayoría la condición de pobreza. Son los pobres quienes representan una carga para la sociedad, los que absorben el escaso remanente de recursos para subsidiar las carencias, los que amenazan los empleos. Para precisar y subrayar aquello que constituye al pobre, la autora sienta la diferencia entre el turista y el migrante, los primeros, por cierto, aportan a la economía y obtienen un trato deferente y privilegiado, los segundos, sufren la discriminación, la exclusión y son generadores de desconfianza y temor.
El trabajo de conceptualización que acomete la autora busca dimensionar el correlato humano y vivencial de la pobreza, de manera de aproximarse a una realidad que muchas veces se esconde en las cifras y categorías que definen sus elementos, a modo de variables que no logran trasparentar esta condición. El rigor de la autora le permite proponer un concepto, en los términos de la real academia de la lengua española, instancia que aprueba el nuevo concepto: aporofobia; (del griego, aporo =pobre; fobeo = producir espanto), de modo que una realidad nombrada, constituye un punto de referencia para reconocerla en sus componentes: sin que exista una jerarquía en la importancia, revisa en primer lugar los aspectos estructurales del problema, así se encadenan los procesos de salarización, sobrevivencia y mendicidad. En la misma perspectiva de Robert Castel, los pobres emanan como residuo de un sistema que es por sí mismo generador de exclusiones. La segunda dimensión que resulta la más novedosa, busca indagar en los fundamentos de los comportamientos de rechazo, de malestar y aversión que generan los pobres en la cultura, y preliminarmente – lo que no debe leerse como un determinismo – en los componentes neuro genéticos de la condición humana, en palabras de Maturana, “la filogénesis de la especie”. En los pobres se descubre el compartir y colaborar como dos procesos connaturales que se ven alterados por la competencia. La prevalencia ya sistémica de una racionalidad de los fines y de la rentabilidad, estarían a la base de un comportamiento extendido de menosprecio a los pobres.
En la línea de la reflexión ética, Adela Cortina, constata los límites del derecho, que solo podrán hacer exigible lo que esta estatuido, para proponer lo que proclaman la Neuroética y la Neuropolítica. Su ejercicio consiste en evidenciar la tendencia prevalente del interés fundado en el sí mismo como guía de la mayoría de las acciones y que al decir la autora hacer de todo ser humano un ser “aporofobo”. Advierte sin embargo la condición flexible del cerebro, para vivir la experiencia de la compasión, paso imprescindible para una sociedad inclusiva. Desde la ética, la autora enfrenta el falso dilema de la primacía entre la libertad y la justicia, para proponer como programa, trabajar por una libertad – igualdad, fundamento que avanza en la síntesis de la dignidad.
Inspirada en Amartya Sen, argumenta que la pobreza corresponde en términos de la vida, a una coerción de la libertad, por cuanto se expresan carencias que inhiben la capacidad de los sujetos de tomar “las riendas de su vida”. Culmina la autora propositivamente con planteamientos que atañen al comportamiento de los actores y sus creencias. Entre otras formulaciones, las de reconciliar las fuerzas creadoras de la empresa privada con las necesidades de los menos aventajados; la de ampliar la racionalidad a otros parámetros, sin que la rentabilidad sea sinónimo exclusivo del beneficio individual, valorando los que subyacen a la cooperación y empatía en la creación de riqueza. Como colorario, Cortina, busca superar el reduccionismo de la monetarización de las relaciones, las que deben recentrarse por la vía de caminos democráticos en el reconocimiento de la dignidad y el bienestar de las víctimas. Cierra su libro con una invitación a la práctica de una filosofía comprometida con la vida, con que todos los seres humanos vivan bien.
Adela Cortina (2017). Aporofobia, el rechazo al pobre Un desafío para la Democracia. Paidós Editores, Madrid, España; 190 páginas.