Evangelio según san Lc 14,1-6
Viernes de la semana 30 del tiempo común
Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Delante de él había un hombre enfermo de hidropesía. Jesús preguntó a los doctores de la Ley y a los fariseos: «¿Está permitido curar en sábado o no?». Pero ellos guardaron silencio. Entonces Jesús tomó de la mano al enfermo, lo curó y lo despidió. Y volviéndose hacia ellos, les dijo: «Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su hijo o su buey, ¿acaso no lo saca en seguida, aunque sea sábado?». A esto no pudieron responder nada.
Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira
“Ellos lo observaban atentamente.”
Jesús parece decirnos: Yo quiero invitarlos a observar, pero de una manera distinta a la que hacían los fariseos. Ellos estaban atentos a observar en Mí algo condenable. La observación que yo les propongo es a fijar su atención en ver mi rostro en cada persona, en grabar en sus corazones las obras de bien que ellos realizan. No una observación que suponga descubrir la debilidad del otro, sino más bien la fortaleza que hace que se admire a esa persona. Observen a su alrededor y verán que, en todos los seres humanos, se puede ver algo del rostro del Padre.
Muchas veces me he descubierto mirando como lo hacían los fariseos: tratando de descubrir en qué se va a equivocar el otro o dónde estará su debilidad y la verdad es que la sensación que queda después, es amarga. Cada día, se nos presentan personas increíbles, es solo que hay que aprender a observarlas con benevolencia. Me pasa a veces, incluso con mi propia familia. No me centro en lo que quiere transmitir un hijo o mi marido, sino en la respuesta que puedo dar para “ganar”. Cuando tengo presente observar y escuchar con atención, me encanta porque estoy relajada escuchando y siento que las dos partes ganan.
Querido Señor: haz que cada persona que pones en mi camino, sea una oportunidad para descubrir tu rostro. Haz que aprenda a observar con benevolencia. Que solo me fije en lo bueno, en lo positivo y en lo dulce del otro. No permitas que caiga en la tentación de observar sus defectos, sus debilidades o en la posibilidad de dejarlo mal. Gracias por todas las personas que con su cariño me muestran el rostro amoroso del Padre. Gracias por los niños, que, con su inocencia y espontaneidad, transforman al más duro de los corazones. Gracias Señor, por el santuario, ahí, al observar a María, solo salen buenos deseos y esperanzas para el futuro. AMÉN