Evangelio según san Lc 13, 1-9

Sábado de la semana 29 del tiempo común

 

En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. Él les respondió: «¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera».
Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?’.
Pero él respondió: ‘Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás’».

 

Meditación de Francisco Bravo Collado

“Señor, déjala todavía este año”

Siento que Jesús me dice, como el viñador a la higuera: “Déjala todavía este año. ¿Quiénes te acusan de no dar fruto? ¿Son tus hermanos? ¿Tus colegas? ¿Tus padres? ¿Tus amigos? ¿Es tu mujer, acaso, una de tus acusadoras? Yo creo que no. Tú sabes bien que tú mismo eres el que más sufre por tus caídas. Y cuando te encuentras conmigo, tu propia vergüenza es tu mayor reprimenda. Enhorabuena, porque te das cuenta de cuánto daño causas. Enhorabuena porque está en ti el deseo de enmendar y comenzar de nuevo. Alégrate entonces. Pide perdón y déjame remover la tierra a tu alrededor y abonarla, para que des fruto en adelante”.

Soy como esta higuera: al principio, cuando los demás ven que no doy fruto, me siento avergonzado y humillado. Me horroriza que todos sepan lo cobarde, cómodo, flojo y tonto que he sido. Pero después de un rato, cuando ya todos han visto lo que ha pasado, me encuentro con Jesús. Y ese encuentro cara a cara es mucho más amable, profundo y doloroso que cualquier escarnio público. Pobre higuera: no sabemos por qué no dio fruto en tres años… pero sabemos que eso no está bien. Siento gratitud con Jesús por su actitud transparente y misericordiosa. Siento admiración porque tampoco la exime ni le dice que estaba bien: le da un año más, no un plazo indefinido. Pienso en mis propios pecados y me comprometo a no caer más adelante.

Jesús, Tú me perdonas cada vez que caigo. Te bendigo porque me recibes con mayor alegría y misericordia de lo que yo espero. Perdón porque me dejo llevar por el pesimismo y la desesperanza. Enséñame a no sorprenderme, confundirme, desanimarme ni acostumbrarme a mis pecados. Muéstrame cómo ayudarte a que convierta mi pecado en un milagro de humildad, paciencia, confianza y amor. Haz que yo también pueda ser transparente y sencillo, para que los demás, en especial mis hijos, vean cuánto me he equivocado, y cómo Tú has hecho maravillas con mi pobreza. AMÉN