Evangelio según san Lc 11, 42-46
Miércoles de la semana 28 del tiempo común
«¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven y sobre los cuales se camina sin saber!». Un doctor de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: «Maestro, cuando hablas así, nos insultas también a nosotros». Él le respondió: «¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!»
Meditación de Francisco Bravo Collado
La justicia, la misericordia y la fidelidad
Jesús pareciera estar diciéndome: “¡Guía ciego, que filtras el mosquito y te tragas el camello! ¡limpias por fuera la copa pero por dentro estás lleno de codicia y desenfreno! ¡Cambia! ¡Entrégate al amor y a la verdad! No tienes que parecer perfecto ante tus hermanos, pero sí tienes que ser pleno y consecuente en lo que haces y lo que vives. Acepta tus errores, relaja tus juicios, deja de moverte para la galería y empieza a trabajar en aquello que realmente te hace bien y te trae plenitud.”
Mi primera reacción ante este texto es abordarlo desde el intelecto y analizar el juego entre la justicia, la misericordia y la fidelidad. Cómo difieren, cómo se entrelazan y cómo conflictúan entre sí. Pero cuando me acerco desde mi propia vida, me doy cuenta que no se refiere tan solo a cuán justo, misericordioso o fiel soy yo; sino que principalmente a cuán justo, misericordioso y fiel es Dios Padre conmigo. Y, desde esa nueva perspectiva, la ley completa toma un cariz muy novedoso. Y entiendo desde el corazón y, en vez de analizar, puedo concentrarme en disfrutar.
Jesús, amigo y maestro. Tú vienes a llamarme a dejar atrás mis poses y ataduras. Dame la libertad y la serenidad que necesito para poner el foco en encontrarme con tu amor que me llena a borbotones a pesar de cualquier pequeñez que tenga. Muéstrame cómo mirar mi historia con justicia y misericordia. Dame ser fiel a lo que creo, a lo que siento, a lo que soy. Y regálame la alegría de reconocer y celebrar tu amor, tu justicia, tu misericordia y tu fidelidad. AMÉN