Evangelio según san Lc 9, 43-45

Sábado de la semana  25  del tiempo ordinario.

 

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres. Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto».

 

Meditación de Francisco Bravo Collado

 

¿Qué significa esto?

 

Jesús me diría: “Al igual que los discípulos, tú me preguntas qué significa esto, que dónde estoy, que cómo sucederán las cosas. Yo estoy contigo en formas más concretas de las que imaginas. Especialmente en tu propia familia o en tu comunidad; en la comunión que alimenta tu cuerpo; en tu hermano y hermana en quien me puedes servir. Si dudas, está bien. El Espíritu Santo te va a bendecir con la fe que no tienes, pero esa fe no es gratis. Tú debes hacer algo al respecto: conquístate a ti mismo, trabaja por tus hermanos, y medita en tu corazón. En esas tres cosas el Espíritu Santo sopla fuerte. Hazlas.”

 

¡Es tan extraño e imprevisto el mensaje de Jesús! Aun ahora, después de tantos años desde su resurrección, hay tanto que preguntar. Jesús no está conmigo, no lo he visto nunca, y muchas veces me lleno de dudas. ¿Dónde está? ¿Cuándo vuelve? ¿Qué va a pasar cuando yo muera? ¿Y si todo fuera algo que nos hemos inventado nosotros mismos? Por otro lado, me siento lleno de gratitud, porque en mi propia vida he tenido experiencias profundas y concretas de iglesia; especialmente en mi familia, en la pastoral de la UC, en la parroquia y con las familias de Schoenstatt de Rancagua, Bellavista, San Fernando y Campanario.

 

Jesús, amigo y maestro, gracias por la fe que me has dado. Gracias por mostrarte, de manera tan concreta, a través de mi mujer, mis hijos y quienes trabajan conmigo. Gracias por manifestarte con fuerza en las comunidades a las que he tenido la suerte de pertenecer. Gracias por exigirme e invitarme a ser más de lo que soy. Dame fe. Alimenta mi corazón. Hazme generoso y trabajador. Envía tu Espíritu y dame la voluntad para buscar la voluntad del Padre a través de la conquista de mi libertad, mi apostolado y mi oración. AMÉN