Evangelio según san Lc 8, 4-15

Sábado de la semana 24  del tiempo común

 

En aquel tiempo, mucha gente se había reunido alrededor de Jesús, y al ir pasando por los pueblos otros más se le unían. Entonces les dijo esta parábola: «Salió un sembrador a sembrar su semilla. Al ir sembrando, unos granos cayeron en el camino, la gente los pisó y los pájaros se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso; y al brotar, se secaron por falta de humedad. Otros cayeron entre espinos; y al crecer estos los ahogaron. Los demás cayeron en tierra buena; crecieron y produjeron el ciento por uno». Dicho esto, exclamó:

«El que tenga oídos para oír, que oiga». Entonces le preguntaron los discípulos: «¿Qué significa esta parábola?»  Y él les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer claramente los secretos del Reino de Dios; en cambio, a los demás solo les hablo en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan. La parábola significa esto: la semilla es la Palabra de Dios; lo que cayó en el camino representa a los que escuchan la Palabra, pero luego viene el diablo y se la lleva de sus corazones, para que no crean ni se salven. Lo que cayó en terreno pedregoso representa a los que al escuchar la Palabra la reciben con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. La semilla que cayó entre espinos representa a los que escuchan la Palabra, pero con los afanes, riquezas y placeres de la vida se van ahogando y no dan fruto. Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la Palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto, y dan fruto por su constancia.

 

Meditación de Francisco Bravo Collado

 

“La semilla es la Palabra de Dios”

 

Siento que el Padre me diría: “En ti, hijo querido, mi palabra germina rápido, pero muere pronto. Necesitas hacer un esfuerzo muy fuerte para permanecer fértil y rico. Y no es malo que seas así, porque así es como yo te hice, y así es como yo te quiero. Pero debes esforzarte de forma especial para que la semilla no muera en ti. Por eso, te he rodeado de gente profunda y buena. Así, tu puedes aprovechar la profundidad de ellos, y las raíces de vida que crecen en ellos serán fuertes como para entrar en ti y transformarte.”

 

Cuando leo este texto veo que yo soy como la tierra pedregosa donde la palabra no profundiza. Y la semilla germina, y crece rápido y con fuerza; pero muere. Pero al mismo tiempo, siento como si fuera de aquellos que son bienaventurados porque ven y porque oyen, porque a pesar de mis errores me sigo sintiendo amado por Dios, y cada día me siento más unido al Padre del cielo. Me doy cuenta que esto no es por gracia mía, sino que por gracia de quienes me rodean. Yo pedregal, estoy rodeado de tierra tan buena que mi falta de profundidad no se nota.

 

Padre eterno, gracias por haberme hecho como me has hecho. Gracias por hacerme apasionado y entusiasta, y porque me hiciste sin miedo y confiado. Pero sobre todo, gracias por haberme regalado las personas que me rodean. Gracias porque los hiciste tierra fértil y profunda, y porque tu palabra ha germinado con tal fuerza en ellos, que yo mismo me he beneficiado de sus frutos. Regálame la profundidad que no tengo, para que yo también pueda dar frutos como ellos. AMÉN