Evangelio según san Mt 18, 15-20

Domingo semana 23 del tiempo común

 

Jesús dijo a sus discípulos: « Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca a una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano. Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.
Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos. »

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda

 

“«Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos».”

 

Creo que el Señor me dice: “Recuerden que les dije: “Yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos”. Los acompañaré en sus decisiones de lo que aten y desaten como comunidad, con mi intercesión cuando juntos pidan algo al Padre para que Él se los conceda, y con mi presencia cuando se reúnan en mi nombre. Tengan confianza y no duden de mi presencia y acompañamiento, unidos en Mí como comunidad”.

Las personas somos frágiles y las comunidades también lo son. Hasta hace muy  poco tiempo las noticias más mediáticas sobre la iglesia y sus comunidades mostraron escándalos y debilidades, con víctimas y victimarios, lo cual alejó a una cierta cantidad de personas. Me impresiona que el Señor, conocedor de todo, insiste en poner su confianza y darle autoridad a la comunidad de la iglesia y asegurar su presencia y acompañamiento en ella, aunque también  siento que nos exige, cuando pide que nos neguemos a nosotros mismos, que tomemos nuestra propia cruz y lo sigamos.

Señor, en tus palabras de este evangelio se refleja tu alma misericordiosa para con tu iglesia y tus fieles, en cómo pones tu confianza en ellos, les entregas autoridad para atar y desatar y les aseguras tu acompañamiento y presencia, aun sabiendo de sus debilidades y errores. ¡Qué admirable eres Señor! Así también me invitas a tener una actitud semejante a la tuya hacia las comunidades de las cuales soy parte o con las que me relaciono: que yo sea menos precipitado para criticar y juzgar, y que siga el ejemplo de María en el Cenáculo, con su actitud orante, fiel al Señor y servidora. AMÉN