Evangelio según san  Mt 16, 13-20

Domingo semana 21 del tiempo común

 

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?». Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?». Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda

 

“«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.»”

 

Creo que el Señor me dice: “He declarado mi protección a Pedro y a la iglesia y le he dado poder para atar y desatar. La muerte (el pecado y el error) no prevalecerá sobre la iglesia porque Yo estaré siempre con ella”.

Nuestra iglesia tan humana, es falible; su fragilidad la vemos en nuestros sacerdotes, religiosos y en tantos fieles, incluidos nosotros mismos. Siento que la humildad junto con la gracia y la misericordia de Dios nos permiten reconocer nuestros errores y tener la fe necesaria para creer que podemos perseverar en superarlos, o al menos mejorar. La clave está en el pedir perdón y en ser perdonado, y claro, también nosotros perdonar a otras personas.

Señor, aun conociendo la fragilidad de Pedro y de la futura iglesia, les diste poder para atar y desatar: ¡Qué gran misterio de confianza y entrega de tu parte! Te pido que, así como Tú, yo sea capaz de poner mi confianza en la iglesia y estar abierto a colaborar a pesar de conocer de algunas de sus tristes fragilidades. Pido el auxilio a nuestra madre y al Espíritu Santo para ser fiel y perseverante en creer que siempre Tú estarás acompañándola con tu gracia y protección, así como lo declaraste en este evangelio. AMÉN