Ligie Fougerat y Guillermo Barragán. México – CIOF 2023 Paraguay.
Presentador:
Ligie y Guillermo son de México, tienen 30 años de casados y dos hijas. Iniciaron su camino hace 25 años y pertenecen al Instituto de Familias, del curso Nazaret de Guadalupe, el primer curso del Instituto de Familias de Schoenstatt en México. Se iniciaron en Schoenstatt en 1998 en uno de los primeros grupos de matrimonios jóvenes en la rama de familias de Monterrey. Participaron en el Consejo de la Rama de Familias y en el equipo del Fortalecimiento Matrimonial. Iniciaron el taller Altar Familiar a finales del 2015 que coordinaron hasta el 2020. Colaboran en el equipo de la conquista espiritual del nuevo Santuario Ciudad. El CIOF es para ellos una oportunidad de aprender sobre lo que está haciendo la obra de familias para fortalecer a las familias y llevar a Schoenstatt a la Iglesia en otros países.
Sean todos bienvenidos.
Guillermo:
Bienvenidos todos. Este es el taller “Estilo de vida Mariano en la vida familiar”. Si quieren, comenzamos con una breve oración: “Aseméjanos a ti y enséñanos a caminar por la vida tal como tú lo hiciste, fuerte y digna, sencilla y bondadosa, repartiendo amor, paz y alegría. En nosotros recorre nuestro tiempo preparándolo para Cristo Jesús. Amén”.
Ligie:
Somos Memo y Lily, formamos la familia Barragán; nuestras hijas Ana Cristi y Mariana. Próximamente Ana Cristi se casa en septiembre, así que llega un hijo muy anhelado a la familia, así que ya se agranda la familia y estamos muy contentos de estar aquí con todos ustedes.
Guillermo:
La familia está en crisis, yo pensé que traía la última noticia hasta que el padre José Luis también se ha dado cuenta. Desgraciadamente es algo que se viene desarrollando desde las últimas generaciones hacia acá y que ahora nos confronta a nosotros en nuestro tiempo, en nuestro espacio hoy. ¿Por qué decimos que la familia está en crisis? Sólo observar: el incremento en el número de divorcios, la pérdida de los valores tradicionales, el ataque directo de estos valores o a muchos de ellos, la ideología de género, entre otros. Vemos también como las nuevas generaciones quieren romper con las costumbres y la educación transmitida. Se quieren deshacer de lo que le han transmitido los papás; los mayores quieren liberarse, sentirse libres de todas esas ataduras; y pareciera que en general también las personas se quieren deshacer de Dios en la vida. Corren hacia el lado opuesto, lo que no tenga que ver con Dios; nada religioso. Como el Papa ha dicho, vivimos en una cultura de la muerte y lo vemos en el ambiente que hay en contra de la vida, las legislaciones a favor del aborto, la eutanasia. Por todos lados vemos individualismo, egoísmo, odio y un ambiente de polarización generado en la mayoría de los casos por los mismos líderes de las naciones que están generando sociedades divididas y confrontadas entre sí; con un sentimiento de frustración y de enojo permanente en las personas. Y como si esto no fuera suficiente, pues la pandemia que trajo consigo una serie de cambios en las costumbres en el trabajo, en la educación, en los vínculos familiares y desgraciadamente traen un incremento en la violencia intrafamiliar. Hoy en día vivimos en un mundo hiper comunicado, con acceso a la información al alcance de la mano y sin embargo, vivimos en un mundo de aislamiento individualista egocéntrico, con falta de diálogo profundo, con una indiferencia y falta de preocupación de lo que sucede con la persona que está a mi lado. En fin, con un gran vacío interior, realmente no se necesita un conocimiento extraordinario del mundo y de los hombres para darse cuenta de que nuestro tiempo con todo su progreso y sus múltiples experimentos, no consigue liberar al hombre de su vacío interior. Esta frase muchos de ustedes que intuirán que no es mía, pero sigue siendo igual de válida que es de hace más de 110 años. Esta frase es parte de lo que el padre Kentenich les hablaba a los muchachos en el acta de Prefundación.
Ligie:
Hablando de cómo sanar al hombre de hoy, vemos la familia en crisis, pero cómo sanamos a ese hombre de hoy, el padre Kentenich nos propone también en el Acta de Prefundación su programa para nuestra autoeducación: “Bajo la protección de María, queremos aprender a educarnos a nosotros mismos para llegar a ser personalidades recias, libres y sacerdotales”.
Quiero compartirles que justamente pensando cómo sanar mi vida, a mí me tocó hace ya muchos años, tenía poco tiempo de casada y mi familia de origen fue una familia en crisis, con mis papás con muchos conflictos matrimoniales como los viven las familias actualmente, y me di cuenta que no podía formar una familia unida y llena de amor, si yo no había tenido esa experiencia en mi infancia. ¿Y cómo sanar para poder llevar amor y unión a mi familia? En ese entonces fui a un retiro de Schoenstatt y platiqué con el padre que nos estaba dando el retiro y él me dijo “Ve al santuario y pídele a la Mater que te llene de ese amor que te faltó en tu infancia, que ella como madre te llene de ese amor y con ese amor, vas a poder formar una familia unida y vas a poder darle amor a tus hijos, a tus hijas y a tu esposo”. Así lo hice, era la primera vez que tomaba un retiro. Fui al Santuario de Querétaro y así me hinqué con toda mi fe a pedirle a la Mater: que esas carencias que yo había tenido en mi infancia, las llenara ella. Y mi vida empezó a cambiar.
Bueno, para sanar al hombre de hoy es importante evangelizar a partir de la familia, desde el hogar. En Schoenstatt tenemos el regalo de los Santuario Hogar, en los que queremos llevar a María al corazón de nuestra familia, al corazón de nuestros hijos, y ella como madre y educadora, que nos ayude en su formación y buscar que siempre estén unidos a Dios. En mi caminar, cuando las hijas estaban chiquitas, me di cuenta que yo estaba repitiendo los patrones que ya había vivido en mi infancia: había tenido una mamá muy dura, poco cariñosa y de igual forma yo repetía lo mismo con mis hijas. Yo no quería repetir esos patrones, quería ser una mamá amorosa, quería educarlas lo mejor posible, pero no sabía cómo hacerlo. Si uno trae esas experiencias de la infancia, tan arraigadas, no es fácil cambiar. En automático sale repetir lo que uno vivió. Me sentía frustrada, preocupada, no sabía qué hacer. De igual forma platiqué con un padre de Schoenstatt mi preocupación de no saber cómo educar a mis hijas y en mi frustración de no querer repetir lo mismo. Me dijo que en el Santuario Hogar que tenemos, le pidiera a la Mater que como Madre y educadora me ayudara a educar a mis hijas y me dijo: “todos los días conságrale a tus hijas a la Mater en su Santuario Hogar y así lo hicimos. Empezábamos: “Oh Señora mía o Madre mía yo te consagro Ana Cristi toda a ti y terminamos la consagración luego: Oh Señora mía, oh Madre mía, yo te consagro a Mariana a ti… y toda la consagración”; así todos los días por mucho tiempo, con la confianza plena que María como madre y educadora nos ayudaría a educar a nuestras hijas: las pusimos en sus manos y la Mater escuchó nuestras oraciones.
Guillermo:
Bueno, el título del taller habla de un “estilo de vida mariano”. ¿Pero qué es un estilo de vida mariano? El primer paso para alcanzar un estilo de vida mariano es tener una educación acentuadamente mariana. Sí, para esto el Padre Kentenich nos motiva a que esa educación mariana esté edificada en dos pilares: vinculación a María, una vinculación honda, íntima; y una actitud mariana. El mismo padre Kentenich, que decía que a través de tener una vinculación de amor con otra persona, van surgiendo en nosotros actitudes semejantes de la persona que amamos. Dice que con el tiempo, se van adoptando las actitudes del ser amado. Por eso decimos que seguramente les ha tocado escuchar que “el amor asemeja”. Sí, cuando amamos profundamente a una persona, los rasgos de su alma van siendo nuestros propios rasgos y por eso, si queremos parecernos a María, amamos a María profundamente, entonces los rasgos de nuestra Mater irán apareciendo en nuestro ser y en nuestro corazón. Eso lo noto con mi hija o con las hijas: las expresiones que usa, como hablan, como son iguales con el novio. Antes no hablaban así, pero ahí hay ciertas cosas que se van pareciendo uno con otro.
Ahora en cuanto a la actitud, el segundo pilar de la actitud mariana, hay que decir que se vive. Es el mejor catecismo para el niño, la vida de los padres. Hay que educar con el mínimo de palabras y con el máximo de ejemplo, como padres cristianos, como familias estamos llamados a ser faros de una fe viva para todos los que nos rodean, y estamos llamados a ser esa iglesia doméstica, donde los padres somos los primeros anunciadores de la fe para nuestros hijos, y desde ahí, para todos los que nos rodean, salir más allá de la familia. Como familia ¿cómo podemos alcanzar un estilo de vida mariano? En este sentido el padre Kentenich dice que nuestros ideales deben de hacerse vida. Hemos escuchado seguramente muchas veces, cuando alguien, alguna hermana o algún padre dicen: primero la vida. De eso se trata en Schoenstatt. Nuestros ideales están llamados a encarnarse en costumbres, más que ser algo intelectual, es cómo lo aterrizamos en costumbres, en formas concretas y que en último término se van convirtiendo en un estilo de vida. ¿Y cómo podemos llevar esas formas concretas, esas costumbres a la vida? Bueno, pues la vida se expresa a través de símbolos, de signos, los adornos, los colores que usamos en casa, el orden que tenemos, y por eso es muy importante crear un ambiente que sea propicio para nuestros hijos en donde todos estos signos y costumbres sean parte cotidiana y sean las expresiones simbólicas de nuestra fe. El pensamiento del P. Kentenich es claro: “las formas expresan, son un camino y son una protección del Espíritu”. El que tengamos estas costumbres, muy cotidianas. Nosotros por ejemplo, con las niñas desde pequeñas era el Consagrarnos todos los días en la mañana. A veces había que salir corriendo al colegio cuando estaban chiquitas. Entonces, desde que íbamos en el auto, pues ahí vamos a consagrar el día. Tratamos siempre de mantener con mucha vida nuestro Santuario Hogar, desde que eran pequeñas. También el que llegaba a la casa ponía alguna medalla de alguna competencia, algún examen que les había ido muy bien, la foto de la cumpleañera del mes y que el Santuario siempre fuera expresando lo que estábamos viviendo en ese momento, detalles pequeños. También la bendición de los alimentos, no importa si estamos en casa o fuera en algún restaurante. Vamos a bendecir, son pequeños detalles que cada familia los va desarrollando e integrando en sus propias vidas. También nosotros, cuando salimos de vacaciones, nos llevamos una pequeña imagen de la Mater, que viene con nosotros y entonces la llevamos. En el hotel la poníamos en el algún mueblecito que hubiera, para decir “la Mater viene de vacaciones con nosotros”. Que no se nos olvide. En la playa es otro ambiente y entonces por lo menos la teníamos ahí, para verla en la mañana y en la noche. Son estos detalles que tratamos que se vayan haciendo un estilo y que sea este como una segunda naturaleza para nosotros.
Ligie:
Bueno, y ¿para qué queremos tener un estilo de vida mariano? Un estilo de vida mariano es dar a luz a Cristo, como lo hace María. Es llevar a Cristo a nuestro prójimo. Tener un estilo de vida mariano, es un estilo de vida evangelizador y tiene una conciencia de misión, porque estamos llevando a Cristo a nuestro prójimo.
Ya hemos hablado del estilo de vida, ahora ¿qué rasgos y qué actitudes se requieren para tener un estilo de vida mariano? Queremos ser vivas imágenes de María, de acuerdo a nuestro tiempo y como nos dice nuestro padre fundador, queremos ser “pequeñas Marías” y recordando la oración que rezamos al inicio, esta parte que dice “enséñanos a caminar por la vida tal como tú lo hiciste, fuerte y digna, sencilla y bondadosa, repartiendo amor, paz y alegría”. Queremos imitar esos rasgos de María en nuestro ser, conquistarlos, hacerlos propios, transmitirlos a nuestra familia, para adquirir esos rasgos de María que nos van a ayudar a tener un estilo de vida mariano; y en cuanto a actitudes, ver cómo era María. Es dedicarse al servicio — pensamos en cuando fue con Isabel, su prima –; acompañó a Jesús al pie de la cruz; estuvo con los apóstoles para animarlos, motivarlos, pedir el Espíritu Santo para ellos. Estuvo pendiente en las Bodas de Caná viendo qué necesitaban los demás, entonces, esas actitudes que tenía María cómo las voy conquistando en mi ser, el servicio, la preocupación por otro, el abrazar, acoger, todo eso, cómo lo voy conquistando y algo en común que tienen esas actitudes de María es el acompañar. Cómo es importante que aprendamos a acompañar en este tiempo que hemos atravesado con la pandemia, que importante es saber acompañar al que sufre, al que está enfermo, el que está solo, el que está triste. María supo acompañar, María acompañó a Jesús en el dolor; María acompañó a su prima Isabel en el servicio, en la alegría; María acompañó a sus Apóstoles y les dio esperanza y fe. Entonces, aprender a acompañar es un rasgo que es importante conquistar en ese estilo de vida mariano.
Guillermo:
Bueno, y ¿cómo adquirimos estos rasgos y estas actitudes? Seguramente han escuchado varias veces: el Santuario, el Santuario de Schoenstatt, es el taller de María. Sí, ahí es donde ella va forjando a este hombre nuevo, ahí es donde va modelándonos según el modelo de Cristo y en el mismo sentido si pensamos en nuestra familia, pues el Santuario Hogar es de gran importancia para irradiar ese ambiente, un ambiente que esté lleno de vida en nuestras familias y por eso desde nuestro Santuarios Hogar la Mater cuidará a nuestros hijos, cuidará a nuestras familias y nos conducirá siempre a su hijo Jesús. Entonces, siempre es tocar base, estar ahí en el Santuario, un Santuario Filial, siempre que se pueda y nuestro Santuario Hogar que lo tenemos ahí en casa.
Ligie:
Bueno y ahora quiero compartirles algo que decía Guillermo: el cuidado de nuestra familia. Tenemos el regalo del Santuario Hogar. Una experiencia que tuvimos nosotros y hace ya muchos años, mi papá se enfermó y estaba muy delicado de salud. Mis papás vivían a mil doscientos kilómetros de distancia de donde nosotros vivíamos, y me preocupaba mucho su salud y también que estaba lejos de Dios, lejos de la Iglesia. Entonces, aunque yo lo visitaba las veces que podía, estábamos muy lejos y no lograba que se acercara a Dios y que se sintiera cobijado en él. Por otro lado, nosotros en Monterrey, empezamos nuestro trabajo apostólico y ayudábamos en todo lo que podíamos en Schoenstatt y me sentía triste de que yo estaba ayudando a tantas familias y no poder hacer algo por mi papá. Entonces, en el Santuario Hogar, decidimos ofrecer todo nuestro trabajo apostólico que estábamos haciendo, ofrecerlo por mi papá, por su conversión, para que se acercara a Dios; para que la Mater lo acercara a su hijo. Y así empezamos ofreciendo todo nuestro capital de gracias pidiéndole a la Mater. Ella escuchó nuestras oraciones, y permitió que mi papá al final de sus días, se acercara a Dios, se pudo confesar, pudo comulgar. Me permitió estar ahí junto a su cama, al final. Me acuerdo que en sus últimos momentos, me acerqué a su oído y le recé la consagración. Le dije “Papi, vamos a consagrarnos juntos” y empezamos a consagrarnos y al final de la consagración, le dije “Papi, la Virgen María te está esperando, ella te va a llevar a Jesús”. En ese momento mi papá partió. Ese fue un regalo, una señal que me dio la Mater: ella lo llevó a Jesús, ella estuvo con él, ella escuchó nuestras oraciones en nuestro santuario hogar, ella tomó nuestro capital de gracias para la conversión de mi papá. Y después de ese momento, nuestro agradecimiento a la Mater, la coronamos como reina de la familia y de la confianza. Porque en esa confianza ella estuvo siempre cerca de nuestra familia y así seguimos confiando en ella, nuestras preocupaciones, nuestras familias, nuestras hijas.
De acuerdo a nuestro padre fundador ¿cuál es el ideal de una familia schoenstatiana? Cuando nuestro padre fundador se refiere a una familia schoenstatiana, siempre pone en el centro a la Sagrada Familia de Nazaret, que es lo que escuchábamos también en la mañana y nuestro padre define “una familia schoenstatiana, es una familia que la fuerza de la alianza de amor con la madre y reina tres veces admirables de Schoenstatt aspira a hacer realidad el ideal de la familia de Nazareth conforme a la época en la que vive”. Entonces vemos desde la fuerza de la alianza de amor, María nos acompaña, nos educa y ese amor que se va cultivando a María nos transforma, para ser como la persona amada. Nos hace pequeñas Marías.
Guillermo:
Bueno, como familias schoenstatianas, tenemos la misión de llevar ese estilo de vida mariano a las familias de toda la Iglesia; como obra de familias, en la medida de nuestra disponibilidad y sin desatender a nuestra propia familia, vemos que es importante trabajar en la construcción de una Iglesia renovada, una Iglesia con rasgos de María, llevando el espíritu de familia a la Iglesia y que así la Iglesia avance en su misión de ser alma del mundo. Además es una promesa que le hizo el padre Kentenich al Papa Pablo VI, en la audiencia que tuvo al ser exonerado ahí en 1965. En este sentido de trabajar para la Iglesia, nosotros hemos podido experimentar este Schoenstatt para la Iglesia precisamente a través del apostolado del taller Altar Familiar, donde nos ha tocado trabajar los últimos años y este apostolado, lo que queremos, es llevar el Santuario Hogar a la Iglesia. De alguna forma tener algo similar al Santuario Hogar y para la gente que no es de Schoenstatt y buscamos conquistar un espacio de oración en los hogares, formar familias fuertes para la Iglesia, y en esos hogares que tengan como modelo a la Sagrada Familia. Esto se hace a través de grupos de formación en las parroquias. Además ha sido un gran regalo poder trabajar con otras comunidades de familias: Liga, Federación, Instituto, hombro con hombro, sí, como Schoenstatt en salida y poder llevar así el Espíritu de Familia a la Iglesia.
Ligie:
Bueno, con nuestro esfuerzo y dedicación, con nuestros aportes al Capital de Gracias en nuestro Santuarios y Santuarios Hogares, podremos lograr ese estilo de vida mariano que todos anhelamos, para que llegue al corazón de nuestras familias, al corazón de nuestros hijos y de igual forma con nuestro testimonio y trabajando unidos como obra de familias, llevemos ese estilo de vida mariano al corazón de las familias en la Iglesia. Pidamos a Dios y a la Mater que nos ayuden y nos acompañen en esta importante misión: “Nada sin ti, nada sin nosotros”.
Muchas gracias. ¡Muchísimas gracias!