Evangelio según san Mt 13, 44-52
Domingo semana 17 del tiempo común
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: -«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?» Ellos le contestaron: -«Sí.» Él les dijo: -«Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»
Meditación de José Miguel Arévalo Araneda
“«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo”
Creo que el Señor me dice: “¿Qué tan importante o valioso es para ti el “Reino”? y, ¿estás dispuesto a vender todo lo que tienes por él? El buscar y alcanzar el reino es un camino en tu vida. En tus decisiones de lo que eliges y lo que dejas a un lado se va manifestando el grado de tu anhelo por el reino y el valor que tiene para ti. El reino de los cielos será para aquellos que lo hayan elegido y preferido como un tesoro escondido o como una perla valiosa”.
Entiendo del evangelio que el reino de los cielos es valioso frente a todo lo demás y que debiera preferirlo. El Señor me invita a buscar el reino y trabajar por Él por encima de otras cosas y de mi propio egoísmo. Significa dejar la comodidad, estar disponible para aportar donde pueda o me necesiten, elegir aquello que conduce a la paz y armonía, alcanzar una solución justa entregando una ventaja ya ganada, o animar al que está agobiado. ¿Qué tanto aprecio o anhelo tengo del reino como si fuera un tesoro? ¿Qué tanto me alegro cuando veo aparecer esos signos del reino?
Señor, gracias por tus palabras que son clarísimas y nos llevan a poner la vista en el reino eterno asemejándolo a un tesoro por el cual se deja todo lo demás. Nos conducen a considerar lo actual e inmediato como la oportunidad para buscar ese reino tan valioso comportándonos conforme a tus enseñanzas. Te pido a Ti y a nuestra madre que el Espíritu Santo nos inspire para crecer en buscar, apreciar, y gustar la belleza y las virtudes propias del reino, y lo hagamos crecer allí donde nos toca estar, haciendo lo que te agrada. AMÉN