Evangelio según Mt 13, 18-23

Viernes de la semana 16 del tiempo común

 

Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno».

 

Meditación de   Alejandra Castelblanco Moreira

 

“Escuchen”

 

Jesús parece que dijera: hoy los invito a escuchar. Escuchar implica en primer lugar, callar y no solo la boca sino también acallar el pensamiento y los ruidos internos y externos. Solo así se puede disponer el corazón a escuchar. Y aquí está el segundo requisito para escuchar: disponer el corazón y la mente. Entonces cuando pelean, no se escucha, hay mucho ruido. Cuando le dan vueltas en la cabeza a los problemas y preocupaciones, tampoco se puede escuchar. Muy bien, busquen el silencio, la calma y luego de un pequeño ejercicio de respiración y relajación, dispónganse a escuchar. Estoy hablando fuerte y claro.

 

Me hace tanto sentido la frase: no hay peor sordo que el que no quiere escuchar. Es tan cierto eso. Me hago la desentendida cuando lo que tengo que escuchar implica un esfuerzo de mi parte. Creo que la escucha atenta se puede cultivar. Poner oído a lo sencillo a lo que se muestra con sonido bajito, como puede ser una cara de pena o de preocupación de alguien o como un distanciamiento por alguna discusión sin sentido… Haré el esfuerzo por escuchar las voces del tiempo y las voces del alma. Meditar unos minutos puede ayudar. Me gusta la idea de respirar y relajarse previamente. Probaré 5 minutos diarios.

 

Querido Señor, siempre hablas fuerte y claro, haz que quiera escucharte y me esfuerce  por acallar las voces interiores y exteriores para que tu mensaje produzca fruto en mí. No quiero perder la oportunidad de escuchar con claridad tu voz para que cause una reacción positiva en mí y en mi entorno. Hazme reconocer tus mensajes y a valorar tu presencia en cada acontecimiento grande o pequeño.  Que María sea mi ejemplo y pueda encontrar en ella las respuestas a los mensajes que recibo todos los días. Dame paciencia y esperanza para vivir más confiada. AMÉN