Evangelio según san Mc 12, 38-44

Sábado de la novena semana del tiempo común

 

Y él les enseñaba: «Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad». Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir».

Meditación de Francisco Bravo Collado

 

“(…) ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”.

 

 

Es como si Jesús nos dijera: “Hijos míos, cuidado con este evangelio: no se confundan qué es lo que digo aquí. Yo no estoy juzgando a los escribas o a los ricos porque vayan a la sinagoga o porque den limosnas, sino que por lo que hay en el corazón de ellos cuando hacen estas cosas. Lo mismo con ustedes: no los juzgo por participar y tomar responsabilidades en la iglesia, pero les pido que esta participación sea un servicio y no una búsqueda de oportunidades para lucirse. Para esto, ustedes deben hacer un discernimiento libre y sincero que les permita ver con sencillez cuál es el motivo por el cual participan en distintas cosas. “

 

Cuando miro este evangelio me da miedo ser como los escribas que se pasean en las sinagogas o las personas ricas que dan limosnas. Descubro en mí muchas de estas actitudes farisaicas: participar en muchas reuniones pero no poner en ellas todo mi empeño, estar metido en distintas actividades pero en ninguna con un real compromiso, ir a misa o a alguna actividad de la iglesia o del movimiento y pasarme saludando a todo el mundo… realmente me gustaría estar seguro de que participo en estas cosas por un amor a Jesús genuino y desinteresado.

 

Jesús, dame la generosidad de esta viuda sencilla y generosa que en la sinagoga dio todo lo que tenía para vivir. Enséñame ese espíritu de servicio desinteresado que no espera recompensa ni reconocimiento. Gracias porque todos los días me invitas a trabajar contigo en mi vida diaria. Ayúdame a trabajar con entusiasmo y sencillez. Te pido que todo el cariño que me tienes, y todas las bendiciones que Tú me regalas, no me hagan sentir mejor que nadie, sino que uno más de tus discípulos, uno más de tus hermanos. AMÉN