Evangelio según san Mc 12, 35-37

Viernes de la novena semana del tiempo común

San Bonifacio, obispo y mártir

 

Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: «¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿Cómo puede ser hijo suyo?». La multitud escuchaba a Jesús con agrado.

 

Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira

 

“Jesús se puso a enseñar”

 

Jesús parece decirnos: yo quiero estar entre ustedes enseñando no imponiendo. Quiero que me miren como a un maestro que con cariño muestra a sus “alumnos” la verdad que él conoce y que es la única válida y verdadera. Los niños, mientras más pequeños son, con mayor admiración y respeto miran a sus profesores porque reconocen su ignorancia y se regocijan con cada cosa que aprenden con una alegría enorme. Por eso Yo les pido: sean como niños, y déjenme enseñarles lo que conozco, que no es otra cosa que el rostro del Padre.

 

Mi vocación profesional es la de ser profesora, pero aquí, Jesús me pide que sea su alumna. Lo primero que pienso, es en la humildad, en reconocerme ignorante, sin conocimientos. Lo segundo es sentir que un buen alumno es aquel motivado, que se estudia la lección, que prepara su clase, y aquí pienso en el horario espiritual, que me prepara me exige, me orienta. Lo tercero, pienso en el propósito, toda lección tiene un objetivo, y aquí pienso en mi ideal personal, todo para llegar a Él en plenitud. Entonces quiero ser como un niño, quiero aprender este camino que me enseña el Maestro.

 

Querido Señor: Hoy me invitas a mirarte como mi maestro, mi profesor, quiero aceptar humildemente esta invitación, quiero reconocer mi ignorancia y dejarme conducir por Ti. quiero regocijarme como niño pequeño, frente a cada enseñanza, quiero aprender este camino que me invitas a caminar, igual como Tú lo hiciste: de la mano de tu madre, María. Has que tenga presente, mi horario espiritual, para motivarme y seguir adelante y mi ideal personal, para no perder el rumbo y realizar el plan que tienes para mí. Señor, condúceme al santuario. AMÉN