Evangelio según san Juan 3, 16-18
Domingo de la Santísima Trinidad
«Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los
que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo
para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no será
condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el Hijo único de
Dios».
Meditación de José Miguel Arévalo Araneda
“Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el
mundo se salve por él.”
Creo que el Señor me dice: “El que cree en Mí se salvará y tendrá vida eterna. Que tú creas
en Mí, significa creer que te he llamado por tu nombre para que seas mi discípulo, creer que
quiero que estés en comunión conmigo y que des abundantes frutos en el amor a otros,
creer que me encuentras en las cruces que en ocasiones te envía el Padre, creer que me
encuentras en los sacramentos y en la comunión de los santos en la iglesia, creer en mi
misericordia y en mi perdón.”
En mi historia personal, el Cristo, Hijo único del Padre, llegó hasta mí por María. Fue la
atracción de su mirada y amor maternal, fue quien me fue acercando a la iglesia y al
conocimiento del Señor. Así, hoy creo en el Señor que se me aparece en la comunión, que
se manifiesta en los acontecimientos de mi vida personal y familiar, que a veces desaparece
y se esconde, que siempre me perdona y vuelve a esperar en mí. Creo que me ama, me
enseña, me acompaña y espera mi respuesta para trabajar por su reino, allí donde Él quiere
que yo esté.
Mi respuesta es sí Señor creo. Siento que Tú, Señor esperas un “creo” no solo como una
respuesta intelectual desde la razón, o una respuesta teórica, sino una respuesta activa y
desde el corazón, que implica un compromiso personal contigo y con tu misión. Esto
significa comprometerme contigo en la misión que creo me has dado a mí, ofrecerla a Ti y
a María como contribución de amor, como signo de amor a quienes me has dado y para
gloria de la Santísima Trinidad. AMÉN