Evangelio según san Jn. 16, 29-33
Lunes de la semana séptima de Pascua
Los discípulos le dijeron a Jesús: «Por fin hablas claro y sin parábolas. Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios». Jesús les respondió: «¿Ahora creen? Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: Yo he vencido al mundo».
Meditación de Ángel Mansilla Pena
“En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo”
Verdad es que no hemos venido al mundo para sufrir sino para glorificar al Padre haciendo su voluntad. Ahora bien, no estamos libres de agobios y de las acechanzas del pecado. Nuestro peregrinar por la vida es una suerte de victorias y de fracasos. Ciertamente estos últimos nos pesan y duelen. Sin embargo, tenemos la certeza de que el Señor nos asiste en todo momento animándonos a caminar con Él, a no rendirnos frente a las derrotas o frustraciones. La clave está en no desesperar y sostenernos en su valor.
El maligno no afloja, persevera en seducirnos a cada instante. Tal vez nuestra debilidad nos lleva a sucumbir, pero sabemos que siempre habrá una Madre que vendrá a nuestro auxilio para socorrernos y llevarnos hasta su Hijo que ha vencido al mundo.
Una de las enseñanzas que nos dejaron las apariciones en Fátima es que María se muestra a los pequeños, a los débiles. También un 13 de Mayo, Chile recuerda al Cristo de Mayo que se yergue incólume a pesar del terremoto que destruyó a Santiago en 1647. Ambas escenas nos hablan de fragilidad pero sobre todo de esperanza victoriosa… Permanezcamos fieles. AMÉN