Editorial Sapere Aude, Asturias, España, 2015.

Sentir vergüenza suele ser un sentimiento extendido particularmente en los jóvenes, más aún en quienes experimentan exclusión, son objeto de estigmas y experimentan la presión de la censura. El libro que reseñamos es una de las obras señeras de la sociología clínica, disciplina que explora en el vértice de lo social y lo psicológico, algunas experiencias de carácter complejo, entre ellas la vergüenza, sentimiento profundamente enraizado en las estructuras sociales, familiares y otras instituciones como son el trabajo y el mundo de la educación.
La línea de trabajo de la Sociología clínica trabaja desde la pregunta acerca de cómo las estructuras sociales se inscriben en la vida psíquica de las personas, de manera que asume la presencia de raíces colectivas en los conflictos personales; sus fines sin embargo, de allí la dimensión clínica, se prolongan a la acción terapéutica en la búsqueda de liberar al sujeto de los determinismos sociales que lo oprimen o lo bloquean.
La vergüenza es entendida como un sentimiento social, una construcción permeada por normas, juicios y expectativas del entorno; en el plano psicológico se muestra como una herida en el “yo” que pone al descubierto una ruptura entre una autoimagen favorable y el cómo se representa la imagen que el sujeto cree que es percibido desde la mirada de los otros.
Gaudelac explora los orígenes del sentimiento de vergüenza, así en la infancia muy de cerca a la educación, las humillaciones y la falta de reconocimiento estarían en su origen; en otros contextos el caso del trabajo, la experiencia de desvalorización, la presión por el rendimiento y con ello el temor al fracaso, junto con la presencia de una autoridad abusiva y absorbente serían sus generadoras.
De modo complementario el autor establece la relación entre la vergüenza y el poder, de manera que las instituciones, (familia, escuela, empresa, Estado) como pretexto del orden, buscan normalizar comportamientos vergonzantes mediante el ejercicio del poder simbólico. De esta manera las amenazas y las prohibiciones establecen límites intimidatorios como preámbulos del sentimiento de vergüenza para el trasgresor.
La consecuencia de la experiencia prolongada de vergüenza llega a ser la fragmentación de la identidad. La vergüenza puede provocar una fractura en la identidad de tal modo que las personas se dividen entre lo que son, lo que desean ser y lo que creen que los demás ven de ellos, inhibiendo el comportamiento espontaneo, relegando los deseos de realización personal y trastocando la vida de los grupos. Este cuadro en la fase de intervención, con acopio de herramientas que provienen del socio análisis, la psicología social y otras disciplinas afines, apuntan a transformar la vergüenza a través de procesos de reflexión, de resignificación de sus expresiones, en la perspectiva que la experiencia asumida por parte del sujeto pueda ser asumida e integrada como una forma de empoderamiento personal.
La experiencia de la vergüenza por cierto, es sin duda también de dolor. El Padre José Kentenich, desde una pedagogía que él denomina del corazón, busca iluminar la condición humana; es este un ejercicio intelectual pero sobre todo práctico, de una particular consideración por la vivencia emocional de quienes acompañó durante su vida sacerdotal. Distingue una dimensión negativa en tanto puede derivar en una profunda inseguridad, llevar a inhibir la propia identidad y con ello conducir a un rechazo de sí mismo. Profundiza en la gestación de la imagen de sí mismo, teniendo a la vista cuando la autopercepción no es sana, de manera que es necesario acompañar procesos de reconocimiento en la ruta de avanzar a una identidad segura, capaz de sostener vínculos auténticos. Precisamente en el espacio de la comunidad, la persona encuentra un lugar liberado de juicios y provisto de una compañía que ofrece apoyo y seguridad. También la vergüenza podrá significar cautela, resguardo de la intimidad y prudencia en la exposición pública, a modo de un “freno interior” al cuidado de la dignidad.
Hernán Medina Rueda
Sociólogo (Mg) U de Chile