Evangelio según san  Jn. 15, 18-21

Sábado de la quinta semana de Pascua

 

«Si el mundo los odia, sepan que antes me odió a mí. No sería lo mismo si ustedes fueran del mundo, pues el mundo ama lo que es suyo. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los elegí de en medio del mundo, y por eso el mundo los odia. Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más que su patrón. Si a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes. ¿Acaso acogieron mi enseñanza? ¿Cómo, pues, acogerían la de ustedes? Les harán todo esto por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.»

 

Meditación de Francisco Bravo

 

“Ustedes no son del mundo”

 

Es como si Jesús me dijera: “Tú no eres del mundo. Eres del cielo. Del reino de mi Padre. Hoy quiero insistir en tu consagración: en que eres por Mí, conmigo, y en Mí. En que fuiste creado por amor para dar todo honor y toda gloria al Padre; el Padre que es consubstancial conmigo. Y el mundo no está contra ti, ni para ti; sino que para servir tu consagración de amor al Padre. Para que el misterio Pascual, donde mi amor por ti me lleva a vencer la muerte, redima todo. Y así todo vuelve a la mesa del Padre.”

 

Me siento abrumado por la belleza y la gratitud que experimento cuando contemplo estos misterios. Este tiempo pascual ha sido un regalo encontrarme con el principio y fundamento de Ignacio de Loyola. Recuerdo una y otra vez cuál es mi lugar en la creación: alabar y dar gloria a Dios. Lo único importante. Y todo el mundo está para que yo haga eso. Me siento envuelto en un remolino de amor que pareciera que me viene a rescatar de mi pequeñez.

 

Jesús, mi Señor y mi amigo, quiero elegirte de nuevo a Ti. Gracias por llamarme a alabar a Dios. Gracias por venir a mí, como a la oveja perdida, y buscarme dejando a las otras noventa y nueve. Gracias por este gran regalo de cercanía a Ti que experimento cuando me encuentro contigo. Dame fidelidad cuando no esté esta sensación que me regalas. Muéstrame tu camino, Señor, para que pueda caminar contigo hacia la mesa del Padre. AMÉN