Evangelio según san Jn. 14, 6-14

Lunes de la quinta semana de Pascua

San Felipe y Santiago, apóstoles.

 

Jesús dijo a Tomás: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto». Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta». Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.» Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré.»

 

Meditación de Ángel Mansilla Pena

 

“Yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre”

 

Pedir en su nombre es un pedir confiado, semejante a cuando animamos a alguien diciéndole “ve de mi parte y pide tal o cual favor”.

Tenemos la certeza que Dios quiere para sus hijos lo mejor.

En esa confianza filial descubrimos el querer de nuestro Padre para nosotros y entonces actuamos en consecuencia para hacer su voluntad.

 

Como hijos suyos tenemos derecho a presentarle nuestras solicitudes, encomiendas y peticiones en todo momento.

No solo en los gratificantes, también en los más aciagos o cuando el pecado nos aplasta.

Él siempre está a nuestro lado, para socorrernos, levantarnos y sostenernos.

 

“Señor, no soy  digno” rezamos antes de recibir la eucaristía. Y Él allí, se dona como alimento sanador y colma nuestras ansias de vida sin zozobras, llevándonos a emprender las obras que glorifiquen al Padre. AMÉN