Evangelio según san Jn. 12, 44-50

Miércoles de la cuarta semana de Pascua

Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la iglesia

 

Jesús exclamó: «El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió.
Y el que me ve, ve al que me envió. Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó».

 

Meditación de Osvaldo Iturriaga Berríos

 

“Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas”

 

Siento como si el Señor me dijera “cuando te sientas perdido, o en medio de una tormenta, cuando sientas que todo está oscuro, levanta la mirada hacia Mí. Verás que Yo soy la luz que guía tu camino en medio de la incertidumbre, y no necesitas nada más que eso para saber hacia dónde ir. En lugar de darte vueltas buscando respuestas donde no las hay, simplemente búscame a Mí. Aunque el camino que te marco pueda verse confuso o peligroso, ten claro que siempre te guiaré hacia la plenitud del encuentro con el Padre”.

 

En estos tiempos donde aparecen tantas voces contradictorias que dicen hablar en nombre de Dios, me cuesta mucho saber a cuál de todas estas voces escuchar. Muchas veces me siento como atrapado en sin saber hacia dónde ir, sin saber a qué me está llamando Dios. Esta imagen de Jesús como luz dentro de las tinieblas me invita a buscarlo como cuando se busca una pequeña gota de luz en medio de la noche, que aunque no se vea bien el camino, la luz se mantiene prendida y presente indicando hacia dónde debo ir. Pero para eso, debo realmente levantar la vista y buscar esa luz activamente.

 

Querido Señor, gracias por ser ese faro de luz en medio de la confusión y la vorágine que a veces siento tan abrumadora. Ayúdame a no perderte de vista, a mantenerme buscando esa luz aunque a veces lo más fácil sea darme por derrotado y conformarme con el lugar cómodo de lo que me es conocido y donde me siento medianamente seguro. Dame la perseverancia de buscarte y seguir el camino que me muestras y me invitas a seguir. Que mis pasos puedan también ser guía para otros que te busquen y te encuentren. AMÉN