Evangelio según san Jn. 10, 11-18
Lunes de la cuarta semana de Pascua
Santo Toribio de Mogrovejo, obispo
Jesús dijo a los fariseos: Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí -como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor. El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre».
Meditación de Juan Carlos Berner Labbé
“Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas”
Jesús me dice que Él siempre está ahí para cuidarme, y que puedo confiar ciegamente en Él, porque nunca me va a fallar. Sé con certeza además, que nadie me conoce como Él, que me conoce incluso mejor que yo mismo, con mis fortalezas y debilidades, y como el buen pastor que es, siempre me va a guiar por el camino del bien. También sé que solo Él es el buen pastor, y que no debo dejarme guiar por otras voces, como las que representa el pastor asalariado; personas o influencias que solo están cuando me va bien, pero que cuando esté mal me van a abandonar, cosa que me ha sucedido más de una vez. Jesús es al que debo seguir, y el único que nunca me va a abandonar.
Siento que también es un llamado, para que yo sea una persona confiable. Que al igual que el buen pastor, debo demostrar con hechos y no con palabras, que puedo ser un buen guía para mi hijo, un buen compañero con mis colegas en el trabajo, y una persona leal con los que confían en mí. Jesús no es solo el buen pastor, es el modelo de cómo ser leal con las demás personas. También creo que debo tener el corazón dispuesto para recibir a aquellas ovejas que no son del corral, personas que son diferentes a mí, pero que son hermanos míos al ser hijos de Dios.
Señor Jesús, debo agradecerte todos los días porque nos cuidas y proteges, a pesar de que no siempre somos los mejores hijos. Sé que tu amor es infinito y que por eso, a pesar de nuestros errores y flaquezas, nunca nos vas a fallar, y que incluso si nos llegamos a descarriar, nos irás a buscar para que volvamos al rebaño. Porque solo junto a Ti, podemos sentirnos seguros y en paz. AMÉN