Evangelio según san Jn. 10, 1-10
Domingo 4° de Pascua
Jesús dijo a los fariseos: «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz». Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Entonces Jesús prosiguió: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.
Meditación de José Miguel Arévalo Araneda
“Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.”
Creo que el Señor me dice: “Yo soy el buen pastor y la puerta. Mis ovejas me conocen, escuchan mi voz y me siguen. Yo las llamo por su nombre y les doy el alimento de vida. Entre tantas voces que escuchan, ellas distinguen la mía. Y tú: ¿Distingues mi voz entre tantas voces? ¿Qué tanto me conoces? ¿Qué tanta vida del espíritu sientes que recibes o has tenido?”
Mi principal desafío se encuentra en distinguir la voz del Señor, en seguirle, en lo cotidiano. Entre tantos ruidos, comunicaciones e información, comentarios. Estoy cierto que una parte de esa información es necesaria para la vida (incluso aquella que es para entretenimiento y distracción). Pero estoy seguro de que nada reemplaza el silencio en el ambiente exterior e interior para encontrarse con el Señor y escuchar su voz en el día a día, para distinguirla entre tantas voces, asegurar el alimento espiritual y para que las decisiones que yo tome se orienten a la vida, y una vida en abundancia.
Señor, te agradezco por tu amor y compromiso con nosotros tus ovejas, porque está fundado en el conocimiento personal y apunta a que tengamos vida y en abundancia. La vida que nos das la pones a nuestro alcance a través de la oración y de la eucaristía. Te pedimos que este tiempo de gracias pascuales sea de crecer en el asemejarnos a Ti, siendo “buenos pastores” para quienes has puesto a nuestro lado, conociéndolos más profundamente y acompañándolos, según tu voluntad, para que ellos también tengan más vida. AMÉN