Evangelio según san Jn 3, 31-36

Jueves de la segunda semana de Pascua

 

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo está por encima de todo. Él da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

 

Meditación de Sebastián Castaño Fueyo

“El que cree en el Hijo tiene Vida eterna”.

El Señor parece decirnos: Los invito a mirar a mi Hijo, Cristo resucitado. Reconózcanlo y crean en su Palabra que da testimonio de Mí. Vino al mundo por amor a ustedes y les abrió el camino que los lleva a la Vida eterna. Pongan sus ojos en Él, admírenlo, quiéranlo, y busquen con perseverancia parecerse más a Él. No se basen en los modelos terrenales del hombre porque no les saciará; sigan más bien el modelo que Cristo les presenta, porque así serán saciados y tendrán Vida eterna.

Necesito la gracia del Espíritu Santo, también la gracia de María, para reconocer que la verdadera libertad está basada en el amor y en la entrega sin medida y sin esperar nada a cambio. Ese es el ejemplo que Cristo nos dejó con su muerte en la cruz.  Es un llamado a realmente tomar la cruz de Cristo y aferrarnos a ella con fuerza para así seguir el ejemplo de Jesús. Ya sea en el plano matrimonial, con los hijos, con los amigos, o en el trabajo; debo aspirar a actuar según el ejemplo de Jesús.

Querido Padre bueno, regálame el don de la fe y enséñame a rezar. Quiero ser verdaderamente amigo de Jesús, cercano y presente, durante mi vida en camino a la resurrección. Pongo ante Ti mis debilidades terrenales y mi anhelo de ser un digno hijo tuyo. Con alegría quiero poder compartir este regalo con todos quienes me rodean para dar testimonio de tu amor. Santa María, Madre de Jesús, llévame más cerca de tu Hijo y enséñame a amarlo como tú lo hiciste. AMÉN