Evangelio según san Mc. 12, 28-34
Viernes de la tercera semana de cuaresma.
Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?». Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos». El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios». Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira
“…se acercó a Jesús y le preguntó”
Jesús parece decirnos: Yo quiero sus preguntas me gusta que se acerquen y aclaren sus dudas. Cuando uno tiene una inquietud lo mejor es buscar la fuente para satisfacer lo mejor posible eso que les inquieta. Yo soy esa fuente, Yo estoy dispuesto a acoger sus interrogantes y darles sentido. Vengan a Mí, yo quiero ser respuesta, quiero aquietar sus corazones, quiero estar cerca de ustedes. Los estaré esperando en todo momento.
Me cuesta preguntar porque a veces siento que preguntar me hace más débil o que la pregunta no es muy ingeniosa y por vergüenza muchas veces me quedo callada. Sin embargo, cuando venzo esos pensamientos y me atrevo a preguntar, cuando me estoy confesando, o cuando estoy hablando con alguien importante, me siento libre, recompensada y con una sensación de orientación que da mucha tranquilidad. Creo que un desafío en esta cuaresma puede ser preguntar más para estar mejor.
Querido Señor: Hoy me invitas a preguntar, a estar atenta a las inquietudes que tengo en el corazón y que solo Tú puedes aclarar con certeza absoluta y orientar mi vida con sabiduría y seguridad. Gracias por estar siempre disponible, por estar en la palabra, en la eucaristía, en el santuario y en cada persona que pones en mi camino. Siempre me estás esperando y acoges mis interrogantes para contestarme con cariño y ternura. Condúceme al santuario fuente de gracia que me ayudan a vivir mejor esta cuaresma. AMÉN