Evangelio según san Mateo 1, 18-24
Jueves de la tercera semana de adviento.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: «La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emmanuel», que traducido significa: «Dios con nosotros». Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.
Meditación de Sebastián Castaño Fueyo
“Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa”.
Jesús parece decirnos: necesito de hombres y mujeres para manifestar mi amor, mi misericordia y mi gloria. José y María fueron valientes, dóciles y humildes ante el llamado del Espíritu Santo y se dispusieron, sin estar preparados o avisados, para cumplir la voluntad de Dios. Sintieron temor, inseguridad y pequeñez, pero se entregaron generosamente con un corazón confiado en el Señor su Dios. Así fueron grandes ante los ojos de mi Padre. Del mismo modo, también Yo llamo a tu puerta y espero con alegría que me respondas para que des fruto abundante.
¡Qué gran ejemplo de esposo fue San José! Primero decidió abandonar en secreto a María para no denunciarla y no dañarla, y luego fue humilde para obedecer al ángel del Señor. Que difícil me es renunciar o postergar mis legítimos derechos sin apresurarme a exigir justicia y sin sopesar el daño que puedo causar a otros. El ejercicio de la prudencia y abnegación por amor, junto con la oración perseverante, son prácticas que me pueden llevar a cumplir la voluntad de Dios.
Querido Jesús, hoy doy gracias por el sí de María y el sí de san José. Por su entrega viniste al mundo y habitaste entre nosotros. Ellos son ejemplo de familia y quisiera tener la gracia de ser un poco más como ellos en mi vocación de padre y esposo. Gracias Señor por la vida y la familia que me has confiado. Ayúdame saber acompañar en su caminar a cada uno de ellos y a lograr transmitirles tu amor y misericordia. AMÉN