Evangelio según san Mateo 11, 28-30
Miércoles de la segunda semana de adviento.
Jesús tomó la palabra y dijo: Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.
Meditación de Osvaldo Iturriaga Berríos
“Aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio”
Siento como si el Señor me dijera “¿cuánto de ese cansancio que sientes, cuánto de tus situaciones de agobio vienen causadas por tu orgullo? ¿Cuánta energía, cuántas frustraciones y cuántas cargas que te autoimpones tienen que ver con tu soberbia, con tu afán de ser reconocido o de que todo el mundo te quiera? Ser manso y humilde no es una debilidad, sino una fortaleza de sabiduría y de comprensión de que todos esos supuestos logros que te impone tu orgullo son cosas pasajeras y banales. Aprende de Mí, y verás como tu carga se alivia”.
Justo antes de leer este pasaje, tuve una situación en la cual me sentí “pasado a llevar” por otra persona, que me dejó enojado y frustrado. En un mundo laboral donde todo me empuja a competir, a buscar la necesidad de “hacerme respetar”, pareciera que la paciencia o la humildad son actitudes de un ingenuo total. Pero Jesús me muestra que existe otro camino, mucho más liviano y mucho más humano, que es el que Él nos muestra. Me recuerda que ese otro camino que sigo muchas veces sin cuestionármelo, me lleva a vivir una vida agobiante, agotadora, que al final de todo me deja vacío.
Señor, gracias por recordarme que Tú eres el camino y el ejemplo que debo seguir. Enséñame a poder liberarme de esas cargas de mi ego que me atan y que me hacen estar en una carrera sin sentido, sin final y sin descanso. Dame la humildad y la generosidad de espíritu para colaborar con otros desde la buena fe; que mi foco y mi guía sea siempre construir tu Reino, sin preocuparme de recibir el reconocimiento de otros, sino solamente el que viene de Ti. AMÉN