Evangelio según san Mateo 24, 37-44
Domingo de la primera semana de Adviento.
Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé. En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado. De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada. Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.
Meditación de José Miguel Arévalo Araneda
“Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino”.
Creo que el Señor me dice: “Tienes que estar prevenido siempre, puesto que no sabes cuándo vendré. Estar prevenido es simplemente estar en comunión, en diálogo cotidiano conmigo, en tus circunstancias, en las habituales y las especiales. La diferencia entre los que están preparados y los que no; no está en lo que hacen, sino en que están en comunión conmigo y guardan mis mandamientos”.
Con el texto del Evangelio me surgen algunas preguntas: ¿qué significa estar prevenido o preparado, y si yo lo estoy? Las personas preparadas hacen lo mismo que las que no lo están, y están en los mismos lugares: la diferencia no está entonces en lo exterior, sino en el interior de cada uno. Saberme y sentirme preparado no es un momento particular o especial, se da en lo cotidiano, está en vivir en comunión con el Señor dentro de mi imperfección, en la oración cotidiana, en la vivencia de los sacramentos, en el compartir con otros.
¡Gracias Señor porque con tus palabras revelas que nos buscas con amor, para que estemos contigo! La liturgia de la iglesia nos regala con los evangelios de este tiempo de Adviento el prepararnos en el corazón para la Navidad e imprimir tu rostro en nosotros renovándome en mis actitudes y mis acciones. Vuelvo mi mirada a Santa María, nuestra madre para que el Señor renazca en mi convertido en más alegría, esperanza y fraternidad. AMÉN