Evangelio según Lucas 11, 1-4
Miércoles de la semana XXVII del tiempo ordinario
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos”. Él les dijo entonces: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación”.
Meditación de Osvaldo Iturriaga Berríos
“Porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden”
Siento como si el Señor me dijera “el perdón es una de las cosas más importantes que vine a enseñar al mundo. El perdón es fruto del amor, es consecuencia de la compasión que debes a tu prójimo, por saber que eres tan débil como cualquier otra persona, y por ello todos pueden equivocarse y caer. Es cierto que hay ciertas injusticias o abusos que parecen demasiado grandes para perdonar. Pero todo es posible con el amor inmenso del Padre. Pídele la gracia de perdonar y amar a tus enemigos, y podrás liberarte del resentimiento, rabia e incluso odio que trae el no poder perdonar”.
Resulta casi imprudente hablar del perdón hoy en día, en un momento en el que nos ofendemos tan rápidamente. Nos establecemos como jueces condenatorios con tanta facilidad de cualquiera que aparezca como “distinto”, ya sea por su opinión política, clase social, nacionalidad, etc. Pero Jesús no solo nos deja el mandamiento de perdonar: ¡lo incluye en la oración que Él mismo nos enseñó y que repetimos cada día! Tal vez, para que nunca olvidemos que lo que nos debería caracterizar como cristianos, es el perdón. Y que si somos tan orgullosos como para no perdonar, no somos realmente sus seguidores.
Señor, te doy gracias por mostrarme lo pequeño y débil que soy. No por algo masoquista, sino para crecer en humildad y darme cuenta que no soy nadie como para juzgar a mi prójimo, incluso cuando tengo buenos motivos para pensar que ese prójimo está siendo injusto u obrando mal. Ayúdame a luchar por tu justicia sin sentirme superior ni denigrar a otros; a ser instrumento tuyo a través de la humildad y del perdón que viene de tus fuerzas y no de las mías. AMÉN