Evangelio según Lucas 17, 3-10

Domingo de la semana XXVII del tiempo ordinario

 

 

Dijo el Señor a sus discípulos: “Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, perdónalo”.  Los Apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. Él respondió: “Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, ella les obedecería.”  Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: ‘Ven pronto y siéntate a la mesa’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después’ ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ‘Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber’.

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda

 

“Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”.

 

Siento que el Señor me dice: “Hay ciertas faltas y pecados que están muy arraigadas en cada uno y que son difíciles de erradicar. Tú sabes cuales son las tuyas, no te desanimes, ten paciencia, pide perdón y persevera en corregirlas una y otra vez. Haz tú lo mismo con otros que te ofenden: si se arrepienten, perdónalos, en especial, con los más pequeños. Yo soy el Señor, pero también el Servidor. Vine a servir y darles ejemplo: el servidor no es el centro. Ya te he dicho: “el que quiera ser el primero, que se haga el último y servidor de todos. Por eso digan que solo han cumplido con su deber.”

“…..Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, perdónalo”. Estas palabras del Señor me hacen poner atención en los defectos, limitaciones y faltas reiteradas de las personas más cercanas: en mi casa, en mi familia, en mi trabajo, en mis círculos más cercanos. Si han obrado mal (pecado), tengo que decírselo, y si se arrepienten, perdonarlos. Muchas veces no se lo digo, por ahorrarme un mal rato, y solo me molesto. El primer paso es entonces, decirlo (reprender). Creo que siendo yo “un servidor”, el centro ha de estar en el servicio a otros y en agradar al Padre, así como lo hizo el Señor.

Querido Señor: ¡Que grande el misterio de tu ser, tu donación total al Padre! mientras nosotros queremos reservarnos para nosotros mismos e insistimos en ponernos en el centro. Gracias porque vienes continuamente, con tu palabra y los sacramentos para sacarme de la oscuridad de mi propio yo. Quieres que aprenda a ponerte a Ti y a los demás en el centro, con un sentido de servicio y de donación de mí.  Gracias a nuestra querida Madre que fue así también: desde su sí en la anunciación y hasta la cruz, luego en el Cenáculo con los Apóstoles, y después acompañando a la Iglesia y a nosotros sus hijos en este caminar terreno. AMÉN