Evangelio según San Mateo 25, 1-13

Viernes de la XXI semana del tiempo ordinario

Martirio de San Juan Bautista

 

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: “Ya viene el esposo, salgan a su encuentro”. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: “¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?” Pero estas les respondieron: “No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado”. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: “Señor, señor, ábrenos”, pero él respondió: “Les aseguro que no las conozco”. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

 

Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira

 

 

“Estén prevenidos…”

 

Jesús parece decirnos: la intención de este Evangelio no es asustarlos ni menos hacer creer que no hay misericordia en el Padre o que no se acuerda de quien cree en Él. La intención de este pasaje, es motivar a estar alerta, a no dejar que la vida pase, a no permitir que las situaciones de la vida cotidiana no causen impacto en la madurez de la fe. Cada día es una oportunidad de encuentro, de reflexión de avanzar hacia la felicidad del Padre, pero si no se está atento, la vida pasa y pueden encontrarse sin aceite en sus lámparas.

 

Hablando con uno de mis hijos me decía que encontraba exagerado o de “fanático” ir a misa dos días seguidos a propósito del 15 de agosto que es fiesta de precepto y como cayó viernes, era mucho, según él, ir dos días durante el fin de semana. Sin embargo, al aclarar que ser fanático implica exageración, porque es hacer cosas desmedidas por un fin que no es trascendental para la vida, fue reflexionando en lo que significa ser comprometido, estar atento a alimentar la fe en todo momento, tener la convicción de lo que significa la Eucaristía: presencia real de Jesús que nos invita a recibirlo. Estas conversaciones me ayudan a reafirmar mi fe y dar testimonio de ella con convicción

 

Querido Señor: Gracias Señor por remecernos, por mantenernos alerta, por motivar nuestro espíritu al compromiso diario de tomar la decisión de seguirte, de convencerme que este es el único camino que lleva a la felicidad completa. Haz que, como María, tenga siempre mi lámpara encendida, que los medios ascéticos y los sacramentos sean el aceite que nunca se acaba. Que el “hacer” siempre esté acompañado del “ser” para no transformar la fe en un fanatismo sino en un compromiso interior que transforma y conduce a la felicidad del Padre. AMÉN