Evangelio según San Lucas 13, 22 – 30

Domingo de la XXI semana del tiempo ordinario

 

Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén. Una persona le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?” Él respondió: “Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos». Y Él les responderá: «No sé de dónde son ustedes». Entonces comenzarán a decir: «Hemos comido y bebido contigo, y Tú enseñaste en nuestras plazas». Pero Él les dirá: «No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal! Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos”.

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda

 

“Traten de entrar por la puerta estrecha”

 

Siento que el Señor me dice: “Para entrar en el reino de Dios tienes que esforzarte, no basta solo con quererlo. No basta con que cumplas con algunos ritos y con escuchar mi palabra si no la pones en práctica. “No sé de dónde eres, no sé quién eres”, es mi respuesta para aquellos que no abrieron su corazón, aquellos que no reconocieron humildemente sus culpas, aquellos que eligieron hacer el mal y no se arrepintieron, en mi reino no hay lugar para ellos. Procura esforzarte, ya sabes el camino: guarda mis palabras, mantente despierto y en oración para hacer la voluntad de mi Padre.

 

Resuena en mi esa palabra del Señor: “no sé de dónde son ustedes”, es decir: “no los conozco”. Llegar a conocerse con el Señor, y a amarle, es inseparable de cultivar una relación profunda y personal con Él, caracterizada en lo sencillo y cotidiano. También es inseparable del obrar, buscando hacer el bien a quienes están cerca y a quienes nos pone en el camino, buscando la voluntad del Padre. Este camino me resulta escarpado y con dos pasos para adelante y uno para atrás: el bien que dejo de hacer, una cierta inconstancia y falta de profundidad en la oración por escaso silencio interior, activismo sin pausa. Poco tiempo destinado para compartir y agradecerle a Él, y a otras personas.

 

¡Que lindo Señor que comparas al reino de Dios con un banquete! Es el lugar del encuentro, de la alegría, donde se está muy bien. Es clara mi necesidad de la gracia y de tu auxilio para conocerte más profundamente y actuar según tu querer, haciéndome de un tesoro en el cielo, siendo generoso y solidario, especialmente en este mes. Me acojo a la compañía e intercesión maternal de María para poder llegar algún día al banquete prometido. AMÉN