Ignacio M. Suazo Zepeda

Sociólogo UC

Comunidad Hermanos de María

¿Podría ser que María pudiera ser la imagen para un dirigente sindical? ¿O dar pautas para confeccionar ropa? Si usted es de aquellas personas que no lo ha hecho, hoy es un buen día para empezar, porque hoy celebramos la fiesta de María Reina. Es una conmemoración relativamente nueva, si se considera que Pío XII la instituyó en 1950, como una culminación de la fiesta de la Asunción, que celebramos hace ocho días. Y pese al desconocimiento que rodea a este día, se trata de una celebración a la que podríamos sacar mucho partido como schoenstattianos.

El solo acto de coronar a María es algo que nos es enteramente familiar en el Movimiento. Desde que el padre Kentenich coronó por primera vez a nuestra madre en 1939, hemos repetido este acto de humildad en innumerables ocasiones con una lógica muy simple: si ella es la reina, entonces ella se debe encargar de nuestros problemas, en especial de aquellos que amenazan sus intereses.

Dicho lo anterior, esta fiesta nos invita a ir un paso más adelante: ¿Y cuales son los intereses de María? ¿Cuáles son aquellos proyectos en los que deberíamos embarcarnos sin temor, porque tenemos la seguridad de que son suyos? Esa pregunta nos es normalmente muy difícil de responder. Pero muchas veces lo es no porque ella no lo muestre, sino porque nosotros no ponemos los medios para conocer cómo es el Reino de María.

Y es que si María es Reina de todo lo creado, entonces lo es también de la sociedad humana y de todas las esferas que la componen. En Schoenstatt solemos aplicarlo especialmente en el ámbito de la familia y la educación ¡y a buena hora! pues son la base de la personalidad y el núcleo de la sociedad. Pero eso no es más que sacar las consecuencias más básicas de esa verdad. Lo cierto es que si María es reina de nuestras familias, lo es también de la política, la economía, el arte, etc. Y eso significa no sólo que ella puede influir en todas esas áreas, sino que ella –en su ser y actuar– es un modelo de vida para nosotros en todos esos ámbitos. Dicho de otra forma: las personas que trabajan al interior de los partidos políticos, las empresas, los medios de comunicación, los colectivos artísticos y un largo “etcétera” de organizaciones, pueden encontrar en María un modelo no sólo humano, sino también técnico.

¿Todo esto suena descabellado? En realidad no lo es tanto si se piensa así: creemos que María fue concebida sin pecado original. Entonces, todo lo que ella pensó, amó y decidió lo hizo siguiendo fielmente el orden del ser humano dispuesto por Dios. Fueron –en otras palabras– pensamiento, afectos y decisiones plenamente humanas. Y eso significa de paso: que usaron rectamente dinero, influencias y leyes por nombrar algunos medios simbólicos. A ese respecto, no nos quepa duda que María tuvo opiniones y opciones sobre los gobernantes de turno, sobre cómo organizar la economía doméstica, sobre las noticias que llegaban de lejos, etc. Dicho lo anterior, si nosotros logramos captar y hacer nuestras las actitudes que tuvo María, entonces nosotros también podremos pensar, querer y decidir de la misma manera que lo hizo María en este tiempo.

La invitación es entonces dedicar algunos minutos a meditar sobre cómo María actuó en algún ámbito de mi vida cotidiana ¡Y mientras menos haya involucrado ahí a María mejor! Una buena forma de comenzar dicha meditación es mirando Pentecostés. Todas las esferas recién nombradas tienen un aspecto común: se tejen con vínculos conformados por decisiones libremente asumidas (a diferencia de los vínculos que tenemos con nuestro origen –familia, patria, religión, etc.– que nos son dados). Así, por ejemplo, quienes trabajan en una empresa, están ahí gracias a un acuerdo tomado entre ellos y su empleador. De la misma forma, la Biblia nos cuenta que los apóstoles –un grupo compuesto por hombres que libremente se habían decidido por Cristo– estaban reunidos trás la resurrección y que María estaba con ellos. María se decide por la Iglesia, se involucra y acompaña pacientemente. Y al final, Dios regala el Espíritu Santo, que da la fuerza y la claridad para actuar. Tal vez no sea algo particularmente creativo ni novedoso, pero ciertamente María responderá. Y no puede ser de otra forma, porque ella quiere reinar en todos –también en quienes trabajan en los sindicatos– y en todo –también en nuestros closet–.