Evangelio según San Mateo 19, 13-15
Sábado de la XIX semana del tiempo ordinario
Trajeron a unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, pero Jesús les dijo: “Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos”. Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.
Meditación de Francisco Bravo Collado
Dejen a los niños que vengan a mí
Jesús me diría: “Deja que tus hijas vengan a Mí. Deja que me conozcan y que vean cómo soy. Muéstrales lo que me has conocido, cuéntales del evangelio, léeles y háblales de mis amigos y de mi madre, muéstrales mi historia y explícales mis parábolas. Deja que tus hijas vengan a Mí, y que conozcan las bienaventuranzas. Deja que tus hijas participen en mi Iglesia, que estén en Misa, que conozcan tu apostolado, que se preocupen por sus hermanos menos afortunados y que conozcan la comunidad donde tú te desenvuelves. Deja que tus hijas vengan a Mí, y que conversen conmigo, que aprendan a rezar con sencillez y recogimiento.”
Cuando vi que debería meditar este evangelio, me preocupé: pensé que no tendría nada de qué hablar con Jesús, o que me hablaría -nuevamente- sobre cómo yo mismo debo ser como un niño. Pero, nuevamente, Jesús me sorprendió: me habló directo al corazón, de mis hijas, lo que más me importa y lo que más quiero. Me sorprende hasta qué punto ellas están fuera de mi vida espiritual. Si bien a veces rezan conmigo, creo que no conocen a Jesús como lo que realmente es: mi mejor amigo. Me agobia y me da pudor compartir con ellas algo que para mí es tan potente y tan complejo, donde yo he sido tan feliz y bendecido, pero, a la vez, tan infiel.
Jesús, amigo mío, ¡cómo me tocas el corazón cada vez que me hablas! Gracias por querer conocer a mis hijas. Ayúdame a entender que no son mías, sino que son tuyas. Gracias por darme la oportunidad de conocerte a Ti a través de sus ojos tan sencillos y tiernos; gracias por enfrentarme a este nuevo desafío de mostrar mi fe con toda su fortaleza, pero también con toda su inconsistencia. Regálame alegría y humildad para ser un papá que les muestra tu camino. Dales fe. Sé Tú su amigo, como eres amigo mío. Búscalas Tú cuando ellas te pierdan de vista, como me has buscado a mí cuando he tratado de rehuirte. Enséñame a ser un padre cariñoso y exigente, como fue tu padre contigo. AMÉN