Evangelio según San Mateo 17, 14-20

Sábado de la semana XVIII del tiempo ordinario

 

Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas, le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua. Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar». Jesús respondió: «¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí». Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado. Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?». «Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: ‘Trasládate de aquí a allá’, y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes».

 

Meditación de Gonzalo Manzano González

 

“¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes?”

 

Jesús parece decirme: Es verdad, a veces perdí la paciencia. ¿Es eso lo suficientemente “humano” como para que vean que compartí su misma naturaleza? Pero es que esas veces era impactante que mis propios discípulos no hubiesen realmente creído lo que les dije. Cuando dije “si no creen en Mí por lo que digo, crean al menos por las obras”, también se lo decía a mis amigos más cercanos. Ellos de todos los que me conocieron, debieron haber sido capaces de sanar a ese epiléptico, porque su fe debió ser grande. Pero no. Seguían dudando, al punto que terminaron dejándome casi solo en la Cruz, a excepción de Juan.

 

Se supone que yo tengo una ventaja sobre los Apóstoles, porque yo conozco la historia completa. Ellos no tenían idea de lo que iba a pasar. Yo ya sé lo que pasó. Pero, por otro lado, como no estuve ahí, solo me queda creer por lo que otros me han dicho, y por la Palabra revelada, en cambio los apóstoles son testigos de primera fuente. Entonces, ¿quién tiene más ventaja? ¿Quién debiera tener más fe? ¿Ellos o nosotros? Sé que no se trata de una competencia, pero si los apóstoles, que eran sus más cercanos, dudaron, cuánto más yo dudaré. Entonces, solo me queda pedir fe, pedir ese grano de mostaza de fe.

 

Señor Jesús, hoy nuevamente vengo a pedirte fe. Quiero ser de aquellas personas que de verdad creyeron en Ti, que no te dejaron solo, sino que, como Juan, estuvieron contigo hasta el final. Juan era el discípulo que más amabas, y él quiso corresponder ese amor. Así tal cual quiero ser yo, Señor, aunque la mayoría de las veces me dejo dominar por el miedo, por la soledad, la envidia y el rencor. Sacude esos demonios de mí, Jesús, porque en verdad quiero creer. Quiero ser capaz de no desfallecer, aunque todo el mundo se me venga abajo. Todo lo puedo en Ti, Señor, y nada soy si no te tengo a mi lado. Dame fe, Jesús, que soy un pecador. AMÉN