Viernes de la XVI semana del tiempo ordinario

Fiesta Santiago, apóstol

La madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante Él para pedirle algo. “¿Qué quieres?”, le preguntó Jesús. Ella dijo: “Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”. “No saben lo que piden”, respondió Jesús. “¿Pueden beber el cáliz que Yo beberé?” “Podemos”, le respondieron. “Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre”. Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. No será así entre ustedes. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del Hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.

 

Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira

 

“Podemos”

 

Jesús parece decirnos: para pedir algo, hay que estar seguro de lo que se pide. Cada acción supone una responsabilidad. Pedir sentarse a mi derecha y a mi izquierda, como lo hicieron los hijos de Zebedeo, deja ver cierta ingenuidad. Su madre quería asegurar la estadía de sus hijos en el cielo, tenía fe, creía, y eso está muy bien. Sin embargo, quise que ellos asumieran un camino, mi camino, quería que de ellos saliera el compromiso de querer beber mi cáliz, y ellos aceptan de inmediato. Hoy te pregunto a ti: ¿Puedes beber el cáliz que Yo beberé?

 

No sé si me sale tan fácil responder esta pregunta. Obvio que quiero ir al cielo y día a día intento ser mejor persona. Sin embargo, cuando se pone pesada la pista, me cuesta decir sí. Cuando no entiendo por qué pasan ciertas cosas, o por qué no se me concede algo que pido con mucha fe, dudo en responder. Aceptar beber del cáliz de Jesús, suponer la Cruz en mi vida, parece ser lo único que me lleva al cielo. Quiero poder responder: Puedo, sin dudar pero sin duda me falta fe, me falta determinación y valentía. Hoy quiero pedir madurar en esta respuesta, tomar decisiones con valentía y transparencia, para poder contestar con fe: Sí, puedo beber de tu cáliz Señor.

 

Querido Señor: Hoy quiero tener seguridad en poder responder a tu llamado. Haz madurar mi fe, que sepa poner mis prioridades según tu querer, que sepa conducir a mis hijos y a mi prójimo al cielo. Dame fortaleza y entrega para beber de tu cáliz, dame valentía y perseverancia para decir sí, puedo. Que María sea mi ejemplo de humildad, fe y compromiso para saber vivir mi vida según mi Ideal personal, transformando mis inseguridades en banderas de lucha. AMÉN