Evangelio según San Juan 19, 25 – 27

Miércoles de la XV semana del tiempo ordinario

Nuestra Señora del Carmen, Madre y Reina de Chile

 

Junto a la cruz de Jesús, estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

 

“El discípulo la recibió en su casa”

 

Meditación de Osvaldo Iturriaga Berríos

 

Siento como si el Señor me dijera “no es casual que una de las últimas acciones en mi vida terrenal, y desde el dolor indescriptible de la cruz, fuera ofrecer a mi Madre a mi discípulo amado, y a través de él, a toda la Iglesia y a toda la humanidad. A ella, cuyo sí a la voluntad de Dios permitió mi Encarnación, ella que me crio, me protegió y me acompañó hasta el final, la dejo como Madre perfecta de la humanidad, puente entre lo humano y lo divino. Recíbela, y me estarás recibiendo a Mí”.

 

Cuando era niño y también cuando era más joven, se me hacía tan sencilla y natural la devoción a María. Era parte de la fe que recibí a través de mi familia, y luego en diversas instancias de la Iglesia. Por mucho tiempo cultivé una relación cercana con ella, pero tal vez mi fe de adulto, más cuestionadora de todo, menos sencilla, más conflictuada, me ha hecho dejarla un poco relegada. Hoy el Señor me invita a acogerla nuevamente en mi casa, en mi corazón, a tratarla nuevamente como esa Madre celestial que me cuida y me acerca continuamente a su Hijo.

 

Señor, gracias por regalarme por tantos años la cercanía con tu Madre, por haberla sentido tan cerca en muchos de los momentos en que también me he sentido más cerca de Ti. Ayúdame a que mis deseos de racionalizarlo todo no ensucien ni entorpezcan esa fe más sencilla e inocente que me llamaba hacia Ella, y recordar que la cercanía con María no es un “desvío” sino que una ruta incluso más directa a tu corazón. Madre, tómame de la mano y haz que me deje guiar por ti con la confianza de un niño. AMÉN16