Evangelio según Mateo 7, 15-20
Miércoles de la duodécima semana del tiempo ordinario
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos. Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego. Por sus frutos, entonces, ustedes los reconocerán.
Meditación de Francisco Bravo Collado
Por sus frutos los reconocerán
Es como si Jesús me dijera: “Por los frutos. Tu trabajo, tu vida, tu familia, tu comunidad, tu patria y tu iglesia serán reconocidos por los frutos que den. Hoy estás dolido y cansado de ver que has puesto de tu parte, pero que aún queda tanto para lograr lo que esperabas. Piensas en el fruto. Pero ese es el fruto que te quieres comer tú. Yo, en este evangelio, hablo del fruto que quedará para tus hermanos. Es ahí donde debes hacer tu examen y tu discernimiento.”
Cuando me enfrento a este texto siento dos sensaciones contradictorias. Por un lado siento vergüenza porque me parece que no logro fecundidad en aquello a lo que más dedico fuerzas. Aún no logro construir una empresa sólida. Hacemos buenas cosas, pero aún queda mucho para ver frutos. Seguimos sembrando y me resulta frustrante. Por otro lado miro a mis hijos y veo el fruto extraordinario que hay.
Señor, ayúdame a ver las cosas en justa medida. He soñado muy grande, y decidí construir algo que sé que tomará tiempo. Dame paciencia y perseverancia. Y dame fecundidad. Más de la que aún me has dado. No me hagas como los falsos profetas. Haz que el fruto de mi vida sea sano y abundante. Bendice a mis hijos y mi familia. Bendice mi trabajo. Bendice mis hermanos de apostolado. AMÉN