Evangelio según Lucas 9, 11-17

Domingo de la duodécima semana del tiempo ordinario

Fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

 

En aquel tiempo, Jesús habló del Reino de Dios a la multitud y curó a los enfermos. Cuando caía la tarde, los doce apóstoles se acercaron a decirle: “Despide a la gente para que vayan a los pueblos y caseríos a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar solitario”. Él les contestó: “Denles ustedes de comer”. Pero ellos le replicaron: “No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente”. Eran como cinco mil varones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “Hagan que se sienten en grupos como de cincuenta”. Así lo hicieron, y todos se sentaron. Después Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados, y levantando su mirada al cielo, pronunció sobre ellos una oración de acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, para que ellos los distribuyeran entre la gente. Comieron todos y se saciaron, y de lo que sobró se llenaron doce canastos.

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda

 

“Denles ustedes de comer”

 

Siento que Jesús me dice: “He planteado a mis discípulos un desafío de lo que parece inalcanzable: “Denles ustedes de comer”. A ti también, si revisas tu vida, en más de una ocasión te he puesto en situaciones de buscar lo que tu creías difícil de lograr, y de darte cuenta que necesitabas la ayuda del cielo, la fe y la confianza. Tienes y tendrás desafíos, no temas y ten confianza. En los desafíos de lo que necesitas o de los anhelos que he puesto en tu corazón, no te detengas por considerar que tus recursos son escasos o insuficientes. Quisiera que la historia de tu vida sea una historia de amor que hagamos juntos, quiero una alianza de amor viva contigo.”

 

Mi forma de ser y de plantearme frente a la realidad y los desafíos, que siempre los hay en todos los ámbitos, es desde el cálculo. Así, examino y acepto los desafíos en los que creo que puedo tener éxito, conforme a mis recursos y habilidades, y descarto aquellos que “me quedan grandes”. Este proceder se apoya en un sano temor al ridículo, al fracaso y a evitar falsas expectativas que puedan afectar a otras personas. Pero también, me doy cuenta que he tenido éxito en otros desafíos muy importantes, apoyado en una misteriosa convicción y fe, aun sabiendo de la insuficiencia de mis recursos, y en los que he contado con la ayuda del Señor y otras personas.

 

Señor, te agradezco porque siempre me ayudaste junto a la MTA en los grandes desafíos de mi vida (esos que me quedaban grandes), en los que gracias al Espíritu Santo pude entregarlos en tus manos, venciendo mis temores y angustias, y observando que siempre los acontecimientos se resolvían de manera favorable, por personas y circunstancias fuera de mi control. Quisiera renovar mi confianza en Ti y en tu Madre, en Alianza de Amor, y pedir al Espíritu Santo un oído fino y atento para los desafíos que vengan, y los asuma con la libertad, la fe y la confianza que son expresión de tu voluntad para mí. AMÉN