Evangelio según Juan 6, 35-40

Miércoles de la tercera semana de Pascua

 

Jesús dijo a la gente: Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen. Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí Yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de Aquel que me envió. La voluntad del que me ha enviado es que Yo no pierda nada de lo que Él me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en Él, tenga Vida eterna y que Yo lo resucite en el último día.

 

Meditación de Sebastián Castaño Fueyo

 

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre.

 

Jesús parece decirnos: quiero entrar en tu existencia y conquistar tu corazón. Les entrego mi cuerpo que es Pan de Vida para ustedes. En cada Eucaristía, soy Yo quien me hago presente en el altar y me hago humilde hostia para entrar en tu cuerpo. Intenta recibirme con humildad, con el corazón abierto, con fe, con perdón, con alegría, y con el profundo anhelo de que Yo permanezca en ti y sea tu inagotable fuente de gracia para la vida. Mi Padre que es vuestro Padre les regala sin medida el Santo Espíritu cada vez que ustedes lo invocan.

 

Estamos siempre en permanente camino, cada día en búsqueda del encuentro con Dios. Hoy Jesús nos llama a alimentarnos del nuevo maná: su propio cuerpo que es Pan de Vida para nuestra salvación y alimento verdadero que nos permite experimentar la resurrección y la verdad, mientras caminamos por la vida hacia el encuentro definitivo con Él. No debo olvidar que Jesús me llama a recibirlo y luego a compartirlo haciendo vivo su Evangelio con acciones concretas sin quedarme solo en intenciones.

 

Querido Jesús, te doy gracias por ofrecerte fielmente a nosotros, porque estás presente cada vez en el Sacramento de la Eucaristía para donarte humildemente a tus fieles hermanos que se reúnen en torno a Ti. Jesús, quiero poder recibirte como lo hizo María y estar en permanente andar en búsqueda de tu encuentro. Líbrame Señor de la falta de fe y de cualquier egoísmo que me impida recibirte plenamente. Que con la ayuda de María pueda compartir el amor que Tú nos regalas, con quienes pones a nuestro lado. AMÉN