Evangelio según Juan 20, 1- 8

Fiesta de San Juan, apóstol y evangelista

 

El día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy de mañana cuando aún era de noche, y vio que la piedra del sepulcro estaba movida. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo,  que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.

 

Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira

 

“Corrían…”

 

Jesús parece decirnos: ¡Corran! ¡Vengan! ¡Es verdad! ¡He resucitado! Hoy tu vida cambiará, tendrá sentido, anda corre, no camines ni te arregles tanto para salir, hoy es el día más importante del año, la muerte ha sido vencida y debes celebrar. Quiero que hagas fiesta, que corras a encontrarme y me abraces fuerte a través de tu familia, tus cercanos, pero también con aquellos que no conoces tanto. ¿Anda, qué esperas? Es un día de alegría que te durará para siempre es hora de correr.

 

Tengo ganas de correr, que se me note que tengo ganas de vivir una buena noticia. Jesús recién nació y creo que no se me nota. Sigo igual con la misma actitud, sin correr, sin celebrar como merece la noticia del nacimiento del hijo de Dios. Jesús sigue ahí en el pesebre esperando mi visita una y otra vez para que logre comprender con más profundidad que Dios se hizo hombre en su Hijo y estuvo en medio nuestro, vivió junto a nosotros y pudo experimentar la misma vida que cada uno vive, para acompañarnos, escucharnos, animarnos y amarnos, sabiendo lo que es vivir en la tierra.

 

Querido Señor: impúlsame a visitarte, a reconocerte como el hijo de Dios. Quiero sentir tu compañía, tu amor, tu atención tu ánimo.  No permitas que deje de experimentar tu presencia real en el pesebre de Belén. Quiero contemplarte una y otra vez para no saltarme la gran alegría que es experimentar tu Resurrección en cada Pascua. Hazme correr con alegría y ratificar que te haces presente en el día a día y nos haces gozar de tu presencia en los pequeños milagros cotidianos. AMÉN