Evangelio según san Mc 7, 31-37

Viernes de la quinta semana del tiempo ordinario

 

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Ábrete». Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

 

Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira

 

 “»Efatá», que significa: «Ábrete»”

 

Jesús parece decirnos: hoy los invito a abrirse. Abrir el corazón al querer del Padre. Abrir la mente para entender los caminos propuestos. Abrir los sentidos para ver, gustar, tocar, oír y sentir con los criterios del evangelio. No se queden encerrados en su pequeño mundo, mirando solo lo que está a su alcance. Atrévanse a ir más allá y abrirse a lo que se les propone en cada situación. Es un gran desafío que les traerá la misma satisfacción de este sordomudo que recuperó el habla y el oído.

 

Efatá: “Ábrete” Me gusta esta palabra. Cuando estoy en un taco, siempre la digo, para que se abra el camino y para aprovechar ese ratito de lata, en abrir mi mente para ser valiente, porque abrir algo cerrado implica riesgo. Abrirse a iniciar una conversación difícil, impulsar algo que se cree perdido, visitar o llamar a alguien que se tiene medio olvidado…Si uno confía, debiera entregarse a esa apertura con fe ciega. Al igual que el sordomudo, me gustaría tener esa confianza infinita que si es Jesús el que abrirá mis cerrojos, debo estar tranquila y entregada a su voluntad. Cultivaré esa actitud, repitiendo durante el día: Efatá, Ábrete.

 

Querido Señor: gracias por movilizarme, por hacer que vaya a Ti con confianza y entrega. Te pido que me impulses a ir abriendo las puertas que Tú me regalas y así superar mis limitaciones y miedos. Dame la fe de este sordomudo, la confianza en pedir la sanación y haz que se repita en mí el milagro cuando me dices: Ábrete. María tuvo siempre esa apertura, que ella sea mi ejemplo y fortaleza a la hora de tomar decisiones y de abrir caminos. AMÉN