Evangelio según san Mc. 6, 1-6

Miércoles de la cuarta semana del tiempo ordinario.

 

Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?». Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa». Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente. 

 

Meditación de Osvaldo Iturriaga Berríos

 

 “Jesús era para ellos un motivo de escándalo”

 

Siento como si el Señor me dijera “¿estoy realmente presente en tu día a día? ¿Soy parte de los criterios con los que tomas decisiones, de la forma en que tratas a los demás, de la manera en que te relacionas con tu trabajo y tus posesiones materiales? ¿O soy solo una figura accesoria que queda relegada solo a algunos aspectos de tu vida, pero en otros no me dejas entrar? Mi mensaje es el del amor radical, de proteger a los débiles, de tratar a tu prójimo como tú quieres que te traten. Es un mensaje que remece las estructuras humanas, que no te invita a acomodarte, sino a la conversión permanente”.

 

Me pregunto muy seguido -como me imagino que muchos hacen- qué diría Jesús en nuestro mundo actual. Qué le diría a quienes vociferan como si fueran portadores de una verdad revelada, y se permiten por eso despreciar al que no piensa como ellos. Qué diría Jesús sobre la indiferencia que desarrollamos ante la pobreza, o ante la violencia que algunos sufren y otros justifican. Qué diría sobre el ritmo de vida desenfrenado que llevamos. Probablemente sus respuestas nos escandalizarían. Lo acusaríamos de poco práctico, de no conocer la realidad, de idealista, incluso de ignorante.

 

Señor, a veces me es tan difícil conciliar tu mensaje y tu palabra con mi vida diaria. Pareciera que tratar de actuar con tus criterios es un acto de ingenuidad, de no entender cómo funcionan las cosas. Dame la sabiduría y la valentía de tenerte siempre presente, de buscar hablar de  Ti, compartir tu mensaje con mis acciones, aunque a veces parezcan contra el sentido común. Ayúdame a llenarme de Ti, para que mi vida sea un testimonio de tu Amor. Que pueda ser un instrumento de tu paz donde sea que me envíes. AMÉN