01Evangelio según san Mt. 5, 13-16
Domingo de la quinta semana del tiempo ordinario
Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.
Meditación de José Miguel Arévalo Araneda
“Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes,”
Creo que el Señor me dice: “La sal puede asemejarse al amor que pones en lo que haces, sin el amor, lo que haces carecerá de sabor y de valor ante Dios. Lo que hagas, hazlo por amor a Dios y al prójimo, y ofrécelo a Dios. Yo soy la luz del mundo, la luz también está en ti, cuídala y procura que tu luz brille ante los demás. Para esto, sé coherente en tu vida y mantente unido a Mí. Para que tus buenas obras sean para gloria del Padre, ofrécelas a Él y no te pongas tú al centro”.
Tengo una marcada conciencia, quizás exagerada, del escaso valor de lo que hago o puedo hacer en la vida, por eso me cuesta mucho entender vitalmente estas palabras del Señor. Más todavía cuando se subraya la sencillez y la humildad. Parece que debo entender que el ser sal de la tierra y ser luz del mundo es ante Dios, y ante otras personas que lo vean o puedan verlo. ¿He de hacer las cosas silenciosamente, o de manera muy destacada para que brillen mis buenas obras? Creo que el Espíritu Santo me inspirará para acertar en el cómo hacerlo en cada caso.
Gracias Señor porque con tu palabra nos inspiras a perseverar en el amor a Ti y al prójimo, y a comprender lo que con amor esperas de nosotros con tu mandato de que seamos sal y luz. En María nuestra madre, encontramos el mejor ejemplo de cómo vivir el ser sal de la tierra y luz para el mundo. A ella le pido que me eduque permanentemente en comprender la sencillez y la grandeza de hacer las cosas con amor, y le ruegue al Espíritu Santo que me inspire, para saber cuándo y cómo hacer las cosas en forma silenciosa o destacada, según lo que Dios quiera. AMÉN