El matrimonio Lobos-Muñoz revisa las experiencias, valores y educación que le dieron a sus hijos que fueron soporte para el cultivo de una vocación religiosa de su hijo Joaquín.  Presentación realizada en el Congreso Internacional Obra de Familias CIOF Paraguay.

 

Elizabeth:

Yo soy Elizabeth, llevamos 38 años de matrimonio. Todos nuestros hijos han participado en el Movimiento; ahora hay dos 100% comprometidos y los otros dos están en ‘standby’, esperando que sea su momento y que retornen a Schoenstatt y si no, que sigan el camino que ellos crean que es más conveniente.

 

Juan Carlos:

Como decía el padre Hernán Alessandri que fue nuestro primer asesor de la rama:  “tranquilos ustedes. Hasta los quince años pongan la semillita y después dejen que germine tranquilamente. Ya será su tiempo, así que por lo menos la semillita algún día va a germinar”.

 

Elizabeth:

Para empezar tenemos una oración que vamos a compartir.   Dado el tema, vamos a rezar por las vocaciones ya que es lo que nos convoca. Pongámonos en presencia del Señor y recemos juntos la oración: “Porque necesitamos vocaciones siempre, amado Jesús tú llamaste a los primeros discípulos para hacer los pescadores de hombres. Renueva tu llamado a los jóvenes de hoy y si es tu voluntad llama a nuestros hijos. Abre nuestros corazones para dar un sí en familia y mantener viva la Iglesia. Regala a nuestros hijos el discernimiento hacia una vida religiosa; la gracia de responder a tu llamado. Despierta las vocaciones que hoy el mundo necesita. Envía nuevos discípulos para fortalecer la vida. Querida Madre de la Iglesia, acompaña a nuestras familias a dar el sí tal como tú lo hiciste y así contribuir al plan de amor de Dios y llegar a ser corazón para el mundo, amén”.

 

Carlos contó sobre nuestra familia:  ahí está una foto en que Joaquín aquí en Paraguay  hace 11 años recibió su túnica. Nuestro hijo más pequeño que viene llegando de la Cruzada de María; luego viene Magdalena; este es otro postulante pero postulante a la familia. el pololo como decimos en Chile, ella se encuentra en Alemania y el pololo está en Chile; y nuestro nuevo amor, nuestro nieto que nos ha robado el corazón, realmente en forma increíble, realmente esa es otra vocación. Carlos tiene millones de fotos, millones: Rafa, Bárbara, Bárbara, Tomasito, Rafa. También fue de la juventud, al igual que Bárbara. Ahí se conocieron en el Santuario y ahora participan en también en la rama de matrimonios en Nueva Providencia. También hay una ecografía de nuestro nuevo nieto que viene en camino, que nace en octubre.

 

Juan Carlos:

Joaquín estuvo en Chile entre febrero y marzo. Así que le hice algunas preguntas respecto a lo que iba a mostrar en este taller. El está en Ecuador en este momento. Me costó ponerle padre Joaquín porque para mí sigue siendo Joaquín.  En casa le decimos ‘peladito’ desde chico.  Ahí está en Domingo de Ramos en Guayaquil. Ahí bendiciendo los ramos. Está feliz en Guayaquil.

 

Preguntas a Joaquín:

¿Tu familia en tu vida de fe y en tu vocación sacerdotal?

¿Qué vivencias familiares recuerdas tú que hayan facilitado tu vocación sacerdotal?

¿Qué recomendación o consejo darías tú a la familia ahora que ya eres sacerdote y en vista de lo que tú has comentado, para facilitar las vocaciones religiosas como una opción?

 

Juan Carlos:

Es como decía Joaquín: la Fe es parte de la vida o sea uno lo tiene pedido por nacer, tiene el ADN y se siente como normal.

 

Elizabeth:

También él decía que su vocación fue algo natural por la cercanía con el Movimiento, con Schoenstatt, con los Padres.  Cuando él hizo sonar la copa en la cena de Navidad y dijo tengo una noticia que comunicarles, que pensé: no estará pololeando,  se va a casar,  papá difícil… y dijo, me voy a los padres de Schoenstatt, postulé a los Padres. Si me hubiera dicho ‘me voy a hacer Budista’ yo habría dicho ‘rara la cosa’ por lo tanto no fue algo así como que no sabíamos dónde se iba a ir, dónde iba a estar, más o menos cuál iba a ser la formación. Sabíamos que se iba a ir de casa.  Entonces yo dije ‘ya se fue’, pero no he renunciado al cariño, no he renunciado al vínculo, pero sí el desapego para que él sea libre ya y viva su vocación como decía él, en libertad.

 

Juan Carlos:

La verdad que muchas veces los padres cometemos el error que queremos que los hijos llenen las frustraciones de uno: si la hija no baila ballet, cuando no tiene pasta para bailar ballet.  Siempre como familia le dimos la libertad a los niños. Hay papás que quieren que el niño sea futbolista, lo llevan a la cancha y quieren que juegue estilo Alexis Sánchez,  y el hijo ya no quiere jugar.

 

Elizabeth:

Sin embargo, eso no quiere decir que uno no deba estimularlos. Por supuesto, y mostrarles el camino. Por ejemplo, él quería por naturaleza ser cruzado y lo dirigía el padre Raúl Espina  y le decía ‘Padre, cuándo puedo entrar’. Entonces uno tiene que de alguna manera guiarlo, hacer el esfuerzo de llevarlo a los cruzados, todos los sábados, después ir a los apóstoles en la tarde. Entonces uno debe de alguna manera orientar, mostrar para que pueda elegir, pero siempre desde la libertad.

 

Juan Carlos:

Es importante respetar el proyecto de nuestros hijos. No son nuestros, como decía el Padre, son prestados. Bueno, aquí está la influencia de fe de nuestra familia. Tenemos a la Hermana del Carmen, que la verdad ella es parte de la familia.  Llegó como asesora a nuestra rama hace trece años y cuando la cambiaron nos queríamos encadenar al Santuario para que no se la llevaran porque era como la mamá. Cuando Joaquín se ordenó de Diácono en plena pandemia (2020) lo máximo eran diez invitados en el Santuario de Colina. Cada seminarista tenía diez invitados y la verdad que no la quisimos invitar a ella, aunque es muy cercana a Joaquín porque ya tiene sus añitos y el peligro que se contagiara era muy alto. Cuando estamos en el Santuario de  Colina esperando y la vemos llegar: ‘Hermana, ¿qué hace aquí?’  ‘¡Me colé! Además yo he rezado tanto por esta vocación, así que yo debía estar. Hablé con mi Superiora y le dije que yo debía estar aquí.’  El padre Hernán fue nuestro primer asesor en la rama y hace poco tiempo comenzó su proceso de beatificación; la verdad que es claramente un Santo en la tierra. Eso es impresionante, era un tipo brillante, brillante, pero con una sencillez impresionante. Era niño por dentro y transmitía la Fe por todos los poros.

 

Elizabeth:

El decía que había que educar a los hijos hasta los 15 y luego confiar y en eso estamos.  Esto es como algo adicional: el hombre es como la desintegración del hombre hoy día, en la sociedad; hace que vayamos perdiendo la Fe, porque el hombre es un ser más materialista, está preocupado más que en ser en el tener.  Nosotros hemos procurado con la educación de Schoenstatt de vivir una vida austera, por lo tanto creo que eso también ha contribuido de alguna manera a fomentar la Fe en nuestros hijos y no solo en Joaquín que es sacerdote hoy día, sino que también en nuestros hijos que participan y los que también no participan,  porque la Fe uno debe transmitirla también aquellos que no llevan una vida consagrada.

 

Juan Carlos:

Magdalena, que hoy está un poco alejada, fue a Torres del Paine hace un par de años atrás y llegó de vuelta y dijo ‘mamá me pasó una desgracia’.  Yo pensé ‘¿que le habrá pasado a esta niñita?’, ‘perdí la medalla de Alianza’. Algo queda, algo queda.

 

Elizabeth:

También esta fragmentación, esta desintegración del ser humano, ha afectado a los matrimonios: las crisis, los divorcios, tenemos padres más ausentes que están ocupados también en producir ya más que en contribuir y educar, porque en general la educación de los hijos y lo digo como profesora: se lo entregan al colegio, le dice tomen aquí tiene el niño por favor edúquenlo. Los primeros educadores son los padres y se ha perdido eso, le pasan al colegio el bulto. En la primera infancia es muy fácil transmitir la Fe a los hijos, pero cuando empiezan a entrar en la preadolescencia, la adolescencia, la cosa se hace un poco más compleja; entonces nuestros hijos estaban en un colegio laico y luego preferimos ponerlos en un colegio derechamente católico.  Los pusimos en el San Agustín,  para que conservaran un poco la Fe.

 

Juan Carlos:

Pues un amigo nuestro decía que cuando los niños están chicos, son exquisitos, ganas de comérselo y cuando llegan a la adolescencia, uno se arrepiente de no habérselos comido. Se ponen súper espesos.

 

Elizabeth:

Lo otro también es que en esta desintegración de la sociedad, Dios está relegado a un rinconcito bien escondido, así como un Dios bombero, o un Dios médico, que cuando uno lo necesita, ahí está.  No son palabras mías, en todo caso son parafraseadas y los sacramentos en general se los dejan a la decisión del hijo. ‘¿Hijito quiere hacer la primera comunión?’ La hermana María del Carmen nos dijo: ‘no le pregunte a su hijo si quiere ir a Misa, llévelo, porque él no sabe si es bueno o es malo, después decidirá si sigue yendo o no’. Pero tomado como un pequeño ejemplo, los sacramentos no pueden ser decisión de los hijos, salvo la confirmación.

 

Juan Carlos:

Vemos que en la última década los matrimonios son sesenta y nueve mil, y los divorcios que se conocen, legales, — porque hay muchos que se apartan así nomás — van en los cuarenta y tres mil.  Es impresionante, hoy día, la velocidad con que la gente dura tan poco en los matrimonios. Nosotros en Schoenstatt somos regalados, tenemos un tremendo regalo. Tenemos herramientas para trabajar en pareja. Recién en el taller anterior que estamos conversando, justamente uno va tomando esa herramienta para contar hasta mil porque a veces no cuenta hasta diez y deja la embarrada.

 

Elizabeth:

Pero no todo no todo es negativo; yo siempre digo que hay lado A, donde están las fortalezas, y las debilidades.  Porque las fortalezas son aquellas cosas que sabemos que son buenas, están firmes en nosotros, y las debilidades son aquellas cosas que siempre podemos mejorar y en esto el rol de los padres, es fundamental en la vida de los hijos, principalmente en la vida de Fe, porque lo demás es cognitivo y lo puede ir aprendiendo el chiquillo en cualquier lugar.

 

Juan Carlos:

Importante en el fondo, es el rol hombre-mujer, que hoy día está tan cuestionado. Es mejor que lo diga ella. La verdad  es que no somos ni el hombre contra mujeres, ni la mujer contra el hombre. Somos complementos. Hay muchas cosas que la mujer aporta millones y hay que escucharla y en otros casos el hombre aporta otras cosas y así nos vamos complementando. Gracias a Dios no es una guerra, es una Unión, y eso hoy día no se siente mucho. Hoy día se plantea una opción de que estoy contra el otro, no estoy con el otro.  Gracias a Dios nosotros pensamos aquí en Schoenstatt justamente que los dos juntos hacemos más.

 

Elizabeth:

Otra cosa importante: cuando uno participa no solo del Movimiento, sino que también de la Iglesia, de la Pastoral de la Iglesia, es integrar a los hijos desde pequeños en todas las actividades: de la rama, los retiros por ejemplo, me encantó ver el matrimonio de Honduras con sus hijos maravillosos, porque siempre los hijos frente a la Fe son una limitante: no puedo ir porque los niños, con quién los dejo. Muchas veces en realidad no se puede, pero yo creo que hay que ser valiente y poner entusiasmo, e ir con los hijos. Por supuesto que es un poco más de esfuerzo, pero la Fe, el amor a Dios también requiere esfuerzo.

 

Juan Carlos:

Sin comparar a los hijos en las actividades pastorales, es muy importante como padres apoyarlos si el niño quiere ser cruzado, o si la niña quiere ser apóstol.  Tenemos que el sábado ir a una reunión, ir y volver. Tenemos que hacer eso, porque muchas veces los padres, porque nos cansa o aburre,  no los llevamos y los niños se desmotivan. Lo que decía Joaquín: yo fui a misa en Bellavista durante seis años y la verdad que me tocaba Misa a las nueve y media. Un día domingo a las nueve y media después de haber trabajado toda la semana era duro, pero iba y él me decía ‘te acompaño, vamos’ y me acompañaba.

 

Elizabeth:

Después yo le contraté un radio taxista porque le tocaba Misa  temprano a Joaquín. Con dos guaguas más chicas, era complejo; entonces en lugar de irme una hora antes, yo lo mandaba en radio taxi y después nos íbamos nosotros a la Misa. Bueno, lo otro también es que súper importante integrar matrimonios que se han vuelto a casar,  no sé cómo llamarlo pero que tienen impedimento de casarse por la Iglesia o que han sido casados por la iglesia y han vuelto a encontrar otra pareja.

 

Juan Carlos:

En nuestra Rama, está el programa Emaús, y aquí está nuestro jefe de Rama, que es Paulina y Galo, que justamente acoge a los matrimonios que son unidos o están casados por el civil  pero no pueden casarse por la Iglesia. A esa gente no podemos darle  la espalda, no podemos, hay que acogerlos.

 

Elizabeth:

Claro y tienen hijos que debemos integrar e incorporar a la Iglesia, porque los hijos son personas que vienen sin la responsabilidad que tienen los padres.

 

Juan Carlos:

Para probar, a nosotros nos pasó cuando nos casamos, fuimos a las charlas y una señora sola, viejita, que nos hizo charlas de novios tremendamente fomes.  Gracias a nosotros, no me arrepentí. Teníamos claras las cosas, pero hay que hacerlo dinámico, que la gente perciba un matrimonio entretenido. Que le cuente realmente a los chiquillos, que le dé herramientas, porque a veces por un trámite así, se desmotivan. Nosotros tenemos que meternos en las parroquias, estar ahí y hacer las charlas nosotros. Nos pasó un amigo que era Diácono del movimiento, nos dijo en una jornada ‘necesito voluntarios para la parroquia San Francisco de Borja’ para preparación de novios. Están pintados para trabajar con novios, pero fuimos allá, llegamos y ya tenían cubierto la labor con novios. Les faltaba para preparación bautismal y estuvimos seis años haciendo preparación Bautismal.

 

Elizabeth:

En esa labor también nos acompañaban los hijos cuando no teníamos con quién dejarlos e iban a las charlas, iban a los bautizos, y nosotros ligados al Movimiento, ligado a los padres, a los seminaristas, siempre rezamos por las vocaciones y podemos decir que tenemos hartas ordenaciones en el cuerpo. Hemos asistido a todas.

 

Juan Carlos:

Yo tengo fotos de los padres ordenados de los últimos veinte años en Bellavista. Tengo todas las fotos.

 

Elizabeth:

El que en nuestra familia surgiera una vocación… o sea fuiste a todas las ordenaciones, rezaste por los chiquillos, ahora te toca.

 

Juan Carlos:

Por la libertad de los chiquillos, porque a veces la gente quiere vocaciones pero que sea el matrimonio del lado, que no sea el de uno.  Qué bueno, felicitemos lo que sea pero cuando es el de uno, ‘oye no’.  Yo quería que hiciera esto; Joaquín terminó su carrera de Ingeniero Agrónomo de la Católica, estaba en diciembre, había tenido trabajo, lo están esperando en ANASAC para contratarlo y la verdad que en diciembre, el 24 en la cena de  Navidad, toca la copa y nos dice ‘familia les quiero contar que me voy a los padres’.

 

Elizabeth:

Juan Carlos y tú ¿qué pensaste cuando dijo eso?

Yo la verdad que hubo reacciones, de los cuatro hijos, dos hijos llorando se emocionaron; se emocionaron realmente, pensaron que a su hermano lo iban a perder, qué sé yo. Somos bien ‘aclanados’. El otro no, está feliz y la verdad que está feliz porque en el fondo era lo que él quería o sea respetar su libertad. Como lo veo está feliz en Ecuador, es fantástico, maravilloso. Cuando piensan que un padre o sea un hijo va a ser sacerdote, que lo van a perder es mentira. Yo con Joaquín hablo día por medio, dos veces al día, a veces cada día, porque se mueve del Santuario al colegio o del Santuario a su casa y son tres cuartos de hora por carretera que tiene que moverse en Guayaquil y se sube al auto, pone manos libres y me llama: ‘Hola hola familia’ y yo sé todo lo que le pasa, conversamos cada día por medio. Cuando vinimos para acá, nos llamamos dos veces; yo trato de no  llamarlo porque no quiero interrumpirlo en sus actividades; me llama y conversamos un montón. Con mi hija que está en Alemania, me entero de ella por Instagram, porque sube todo a Instagram, todo lo que hace, pero hablamos con ella mucho menos. En cambio, la verdad es que con Joaquín yo siempre sé lo que le pasa. Lo tengo súper cerca. Joaquín bautizó a nuestro nieto que es maravilloso, él lo bautizó o sea, son cosas, son regalos de Dios.

 

Elizabeth:

Bueno yo en dos palabras, primero alegría y la segunda curiosidad.  Curiosidad sólo por la profundidad del amor a Dios y a la Madre. Yo sabía que estaba en segundo plano, yo sabía que la Madre era primera y eso no me produce nada, me produce por el contrario alegría y bueno siempre curiosidad.   Bueno, María regala su primer hijo sacerdote, Jesucristo. También le regala una familia donde lo educa, porque María fue la educadora de Jesús y bueno si queremos que de nuestra familia surjan vocaciones, también tenemos que educarlos, darles el espacio pero por sobre todo la libertad de elegir, eso es fundamental. Joaquín lo decía en su testimonio y yo creo que eso es lo fundamental y en todo orden de cosas.

 

Juan Carlos:

Y no cosas extraordinarias, como decía Joaquín, costumbres familiares que nos juntábamos, conversamos, hacíamos cosas juntos, nos íbamos a la playa juntos con la familia, que son cosas normales. No es nada extraordinario.

 

Elizabeth:

Esto es una pregunta que nos vamos a hacer, ojalá nos la llevemos ¿estamos dispuestos a que un hijo o una hija quiera vivir su vocación religiosa? Eso respóndanla en conciencia, tranquilamente, en la casa. No se asusten, yo no sé si alguna vez me hice la pregunta de verdad y creo que es una buena pregunta.

 

Juan Carlos:

Yo la verdad que cuando Joaquín pasaba metido en el seminario en Bellavista, en todo momento pensé que podía tener vocación, pero cuando terminó la carrera y tenía trabajo,  dije ‘esto pasó, esto ya no va’.

 

Elizabeth:

Mi mamá le decía ‘oye, por qué tú no te llevas una cama para allá’, no le decía no te preocupes si ahí hay camas suficientes. Entonces estaba clara la cosa.

 

Juan Carlos:

Nuestro Padre fundador hablaba de ‘personalidades libres’, tengo que ser libre. Y por supuesto educar en la Fe; esa pega es de los padres, esa no podemos evadirla. Tenemos que educar en la Fe a nuestros hijos, como decía el padre Hernán hasta los quince años; y después de los quince años, tranquilamente la pega está hecha y la semilla está puesta. Después germina, puede germinar a los veinte, los treinta pero algún día va a germinar.

 

Elizabeth:

Sí, lo más difícil es entender los tiempos de Dios. Les vamos a entregar unas hojitas donde vamos a trabajar un par de preguntas ya que son las que están ahí. Nosotros no sabemos si lo hicimos bien, más o menos, o regular, pero parte de la tarea ya está hecha porque los hijos son una tarea de nunca, nunca, acaba.

 

Juan Carlos:,

Los hijos son para toda la vida. El que dice: ya está en la Universidad,  mentira, uno es padre hasta que se muere, nunca se acaba la pega, a veces se hace más fácil o menos fácil, pero uno siempre es padre o madre.

 

Gracias, muchas gracias.