Evangelio según san Mt 9, 14-15
Viernes del tiempo de cuaresma
Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?». Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira
“¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos?”
Jesús parece decirnos: A la pregunta que me hicieron, respondí con otra pregunta. Lo hice para llevar a la reflexión del cómo, cuándo y por qué, de los sacrificios y renuncias que se realizan. En este caso, mis discípulos estaban descubriendo una nueva perspectiva del mundo, una pedagogía distinta, un caminar con sentido trascendental en sus vidas. Es como estar de fiesta, como descubrir un tesoro que solo te invita a estar alegre, confiado, esperanzado. No cabe el ayuno. Cuando se te presentan desafíos, decisiones difíciles, miedos… ayuna, pero no solo de comida sino también de juzgar a otros.
“Estar con el novio para mí es como estar de vacaciones. Todo se permite, uno se da licencias que en el año normalmente no se permiten. Recién comienza la cuaresma y todavía estamos de vacaciones. Es difícil, pero creo que lo que corresponde es al menos fijarse pequeños gestos que muestren el tiempo que estamos viviendo. Pensaba en quizás los viernes de cuaresma, reservarse de comer carne o algo, quizás hacer una jaculatoria diaria que me recuerde que estoy preparando mi corazón…ese será mi propósito mientras Jesús esté en el desierto.
Querido Señor: ayúdame a distinguir los momentos que me tocan vivir, tanto los con el “novio” como los con la ausencia de Él. No me hagas caer en la tentación de comparar con los demás mi situación. Que pueda sacar provecho de los desafíos y tristezas que salen a mi encuentro, para poder valorar con alegría las enseñanzas que esto provoca y así poder celebrar con el novio en el banquete eterno. María, ejemplo de prudencia y sabiduría me guíe en esta aventura de la vida con todas sus penas y alegrías. AMÉN